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Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

Villa del Espíritu Santo, Monumento Nacional. Fundada en el centro de Cuba en 1514.

 

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Coordinador y fotos: Celso Rodríguez

 

 

Zaida del Río (Villa Clara, 1954) es una de las más relevantes figuras de la plástica cubana. La pintora estudió en la Escuela Nacional de Arte, en el Instituto Superior de Arte y en la L’Ecole des Beaux Arts, de París, Francia.

   Ha realizado una treintena de exposiciones personales en Cuba, México, España, Francia, Italia, Brasil, Martinica, Japón y Estados Unidos, y ha participado en numerosos concursos y exhibiciones internacionales.

   Ostenta el Premio de Litografía, del Encuentro Nacional de Grabado, La Habana, 1984, el premio de Pintura, Bienal de Tenri, Japón, en 1997; y la Medalla de Oro, Premio de Pintura, Bienal del Cairo, Egipto, en 1993, entre más de una decena de lauros.

   Su prolífica labor ha incluido la ilustración de revistas, discos y libros, así como decoraciones murales, tanto en Cuba como en el exterior.

 Mi alma se despierta en el preciso instante donde el día y la noche se encuentran. Me gustan los mundos indefinidos; parecería imposible siendo mi obra tan precisa en detalles y la línea mi medio de expresión. Es un misterio para mí ver deslizarse las sombras de todas mis acciones, la realidad de la vida como campos magnéticos y estimulos en mi pensamiento.

   A veces, antes de beber un vino siento como se moja mi boca y se pierde con el primer sorbo una lluvia de estrellas. A menudo cuando estoy lejos de alguien es que me río de algo que dijo y, sin embargo, en el momento en que sucedio me quedé inmóvil y fría.

   Tengo un oído muy sensible, podría oir crecer las plantas...No soy histéric, no me gustan los gritos ni las mujeres gritonas. Me encanta que la gente hable bajo, que la voz sea como una música y cuando estoy entre mucha gente, haciéndome fotos, o en grandes fiestas, no reparo en nadie y todo es impersonal.

   Me gusta ser mimada y también un poco heroica en el amor; soy una guerrera por todos los que amo y podría disputarle a la misma muerte de sus garras al ser de mi elección.

   Lamento haber tenido a mi hijo demasido joven, pues ahora disfrutaría más de un bebe. No habrá jamás para mí un niñito como él; nunca olvidaré sus pies descalzos, sus ojos, su  boca y los momentos que sentí toda la maternidad de mi cuerpo.

   El mayor tiempo de mi vida lo he pasado en mundos irreales; el plano de la tierra no ha sido mi preferencia. Sé comunicarme con Dios, con los maestros ascendidos que viven en otrso planos, en los rayos de luz. Presiento ángeles escondidos en todas las habitaciones y caminos; cada vez que quiero tiendo alrededor de míun bosque y un río y así mis pasos nunca son vacíos ni falta de amor. Cuando me acerco a los maestros hindúes me lleno de una paz dulce.

   Me gusta si llueve, si hay sol también, lo salado, lo picante, lo dulce y lo amargo, las tempestades, el viento, el frío, el calor. No reconozco jerarquías, todas las personas son iguales para mí, partiendo de la convicción  de que venimos de otras vidas y solamente hay espíritus más evolucionados que otros. Por época me gusta toda la vida nocturna, trajes de noche, glamour, cabaret; me pierdo en los camerinos y el colorido barato de la bisutería. Nada es para mí como un ramo de flores o hacer regalos a la gente; casi siempre sé con certeza qué perfume lleva cada uno.

   Hago viajes con la naturaleza como entrar en una flor, recorrer el tallo, las hojas, las raíces, que llegan allí donde Díos puso su gusto, llenando mis poros de savia verde. Conozco el ritmo de los astros y siento que la Vírgen de la Caridad me acuña entre sus brazos. Soy devota de Santa Marta y todos los martes les enciendo una vela.

   Dondequiera que esté tengo amigos, de todas las épocas y en todos los pueblos y países del mundo. Cuando voy llegando a Camajuaní o Remedios me da un vuelco el corazón por el recuerdo visceral de aquellas noches llenas de fragancias, la alegría de mis padres, los ojos enamorados de los jóvenes y toda la energía que dejaron de mí aquellas tierras.

   Creo que nadie cocina como yo, porque lo hago como la divina pastora que no quería matar a sus abejas y engañó al Rey con un cocido único espiritual. Adoro bañar mi cuerpo con todas las aguas posibles del planeta y la imaginación; me recreo limpiándolo y perfumándolo en medio de cualquier entorno.

   Solo tengo en mi vida una gran  tentación: la rumba y el sonido de los tambores a lo lejos...puedo perderme de este mundo por una buena rumba....

   Me gusta dormir sola y esperar en las madrugadas al hombre que amo. Creo que vengo de muchas vidas y en todas fui como soy ahora.

Una lengua dulce para decir: sigue adelante, no decaigas, ¡yo te amo!

 

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