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Mano esclava: decisiva en La Trinidad de Cuba
Por Raúl García Álvarez Sancti Spíritus.- La mano de obra
esclava, proveniente de África y de algunas islas del Caribe, fue
decisiva en el desarrollo de Trinidad a partir del siglo XVII, asegura
Carlos Joaquín Zerquera y Fernández de Lara, historiador de esta ciudad
cubana.
La Trinidad, como fue bautizado este asentamiento poblacional en el
centro sur de Cuba, fue la tercera villa fundada por el Adelantado Diego
Velázquez en 1514, después de Baracoa (1512) y Bayamo (1513), en el
oriente de la Isla.
La ciudad de Trinidad y el valle de los Ingenios ostenta desde 1988 el
título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, otorgado por la UNESCO.
Zerquera y Fernández de Lara, nombrado historiador de la ciudad en
octubre de 1967, ha consultado los registros nacionales y los archivos
de Madrid, de Indias (Sevilla), y desempolvado originales, hechos y
acontecimientos.
A fines del 1700, afirma, comienza un despertar del comercio y la
producción, dado por las gestiones de compra-venta de la Villa con
puertos iberoamericanos, de forma privilegiada los españoles.
Las tierras de la zona eran pródigas para los cultivos y con una
acentuada preferencia para la ganadería y el tabaco, aunque ya existían
los primeros campos de caña con una rudimentaria producción de miel y
azúcar mascabada.
Analiza el narrador que la sublevación de los esclavos haitianos
permitió a Cuba acceder al mercado internacional azucarero con precios
ventajosos.
Producir el dulce producto constituía un excelente negocio para los
hacendados, la inversión era mínima y la producción terminada salía del
sudor y el sacrificio, del golpe y el suplicio, de la mano de obra
esclava, añade.
Aunque son escasos los datos para precisar por dónde llegan los primeros
esclavos a La Trinidad, el investigador estima que una parte lo hace por
el sur aprovechando los ríos, en especial el Agabama y el Guaurabo,
aunque también provenían de otros puntos del país.
Mientras, el eminente historiador Ramiro Guerra relata que los primeros
yucatecos (naturales de Yucatán, México) llegaron a Cuba alrededor de
1513.
Sustenta la afirmación en que el colonizador exterminó muy rápido a los
aborígenes, dando inicio a la práctica de "ranchear", o sea, secuestrar
a los indios de las tierras vecinas para esclavizarlos.
La historia recoge yucatecos en la región central de Cuba cuando se
reportaron sublevaciones en Sancti Spíritus y Trinidad, apoyadas por
negros libres y cimarrones, en 1533, 1538 y 1616.
De acuerdo con datos de la época, ya en 1774 la villa trinitaria tenía
mil 207 negros y 20 años después había cinco mil 234 sometidos a la
servidumbre.
Examina que al ser declarada La Trinidad (1793) la tercera villa en
importancia administrativa y política con el nombramiento de Capital del
Departamento Central de Cuba, se observa un auge azucarero que restituye
a los dueños las inversiones realizadas en la industria.
A mediados del siglo XVIII existían 25 trapiches y, muy próximo a la
última década de ese período, se reportaban 40 pequeñas fábricas que
elaboraban unas 60 mil arrobas de azúcar y unas 700 botijas de miel.
En los primeros años del siglo XIX, con la introducción de las máquinas
de vapor, se perfecciona la tecnología que requiere de más brazos
esclavos para mantener los bajos costos y de hecho ofrecía, añade,
mayores riquezas a los hacendados criollos.
Para esa fecha -advierte- se abre una de las épocas de oro en la
sociedad trinitaria, aunque no así para los miles de hombres y mujeres
que llegaron como esclavos de tierras africanas.
En ese florecimiento, puntualiza el historiador, llegan también
emigrantes de las islas caribeñas más cercanas, Santo Domingo y Haití,
así como de Alemania, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y España,
entre otras naciones.
El creador de relevantes obras de la historia local piensa que estos
acontecimientos, de carácter económico-social-cultural, repercuten en
todas las esferas de la sociedad.
Van ha tener su punto de partida en 1801, con la visita a la ciudad del
sabio alemán Alejandro de Humboldt y con la llegada posterior de
creadores, artistas, pintores, artesanos y comerciantes.
Cuarenta años después, La Trinidad muestra un novedoso rostro para todo
el Caribe y América al contar con monumentales palacetes, plazas,
iglesias y casonas coloniales que hoy son patrimonio histórico,
significó.
Por sus calles empedradas, una de las primeras villas cubanas que tuvo
ese privilegio, comienzan a caminar visitantes de todas las latitudes
para disfrutar de la arquitectura acomodada a las realidades del país:
casas con enormes puertas y ventanales de madera preciosa, y espaciosos
patios plenos en flores.
Para esa época, comenta Fernández de Lara, ya estaban edificados los
palacios de Brunet, frente a la Plaza Mayor, el de la familia Bécquer y
el de Iznaga y Borrell.
EL ESCLAVO AFRICANO, EL MÁS FUERTE
Los hacendados criollos preferían "al africano, por su fortaleza para el
trabajo, capaz de soportar el castigo más fuerte", acota el escritor.
Los sometieron, explotaron y vejaron para lograr fortuna "con la miel de
la caña de azúcar", sentencia.
Entre 1763 y 1886 (año en que se abolió la esclavitud) llegaron a Cuba
casi un millón de negros, comprados o capturados para laborar en la
gramínea.
Eran trasladados en las bodegas de barcos, hacinados, en un viaje "al
nuevo mundo" que podía durar casi seis meses o "una eternidad", porque
muchos morían víctimas de enfermedades, hambre o sed, opina.
Los trinitarios, en medio del esplendor industrial (1790-1846) lograron
tener casi el 50 por ciento de los ingenios del país (120).
En la última mitad de la década de 1840, comienza la decadencia
económica, declina la industria del azúcar y faltan fondos para invertir
en el mejoramiento de las tierras.
Por otro lado, los acaudalados nacionales temían a las sublevaciones de
los esclavos que ya se habían alzado en los años 1772, 1773 y 1778.
Documentos del Archivo de Historia de la villa recogen la revuelta de
los esclavos (1838) en Manaca-Armenteros y que se extendió al de Santa
Isabel y al Maisinicú de Palmarejo, entre otros centrales, cuando en el
Valle había casi 12 mil esclavos.
Otro de los factores que determinó el colapso económico, agrega
Fernández de Lara, fue el surgimiento de la producción de azúcar de
remolacha en Francia y Alemania.
Era y es más económico, y requería de menos inversión y mano de obra, y
logra desplazar al azúcar de caña del mercado internacional, advierte.
Esto marcó el principio del fin de una industria que trajo el esplendor
a la región central cubana y, a su vez, el comienzo de la fuga de
capital hacia otros derroteros dentro de la Isla.
Aquellos tiempos, donde el sudor brotó de la carne negra para enriquecer
lo más selecto de los criollos adinerados, contrastaron con nuevos
renaceres y la impronta de destacados maestros de la creación en una
villa y un valle que llevan el signo de Patrimonio de la Humanidad. |