Busca en este sitio

 

Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

Villa del Espíritu Santo, Monumento Nacional. Fundada en el centro de Cuba en 1514.

 

Secciones

Portada

La Trinidad

Fotogalerías

Ángulos de la Mayor

   Mi ciudad

Trinidad de Cuba

Rincones espirituanos

 

Símbolos

El escudo

Parroquial Mayor

 

 

Enlaces y Publicaciones

 

 

 

 

Hasta la Victoria Siempre

Un sitio imprescindible para un mayor acercamiento a la vida y obra de Ernesto Che Guevara. 

Che: Como caído del cielo 

Testimonio de Zobeida Rodríguez Ferreiro (combatiente) sobre la relación que tuvo con el Guerrillero Heroico a partir de haberse conocido en la Sierra del Escambray.  

Conocí al Che en un lugar llamado Las Piñitas, en la Sierra del Escambray. Yo pertenecía a la tropa de Víctor Bordón y estaba alzada por esos montes. En aquel tiempo yo era analfabeta, y no sabía nada del Che. 

El primer impacto al ver a los compañeros de la Columna No. 8 fue muy desagradable porque estaban destruidos físicamente y venían prácticamente descalzos y con las ropas deshechas. 

Para mí fue doloroso verlos así. Ellos no sabían que yo era una mujer, porque me parecía a ellos, vestía las mismas ropas y botas. El Che le habló a la tropa pensando que todos éramos hombres. 

En sus palabras se apreciaba la fuerza tremenda de su persona, dijo que ahora sí había llegado la guerra al Escambray, que había que fajarse de verdad, que cada quien tenía que ganarse las armas, que las condiciones eran muy duras y difíciles, y tendríamos que combatir aunque no hubiera comida. 

Señaló que si alguien quería irse podía hacerlo. Hubo unos 20 que se fueron, éramos unos 200 ó 300 compañeros. Seguí con el Che hasta Gavilanes, fue allí donde se enteró que había una mujer en la tropa. 

Me mandó a buscar y me explicó que no podía aceptar mujeres como combatientes y me designó para la enfermería. Lo único que yo sabía hacer era cocimiento, luego tuve que inyectar y darles caldo caliente a los heridos y enfermos. 

El Che siempre estaba muy preocupado por la salud de los combatientes y ordenó que los mejores alimentos fueran para ellos. Cuando la ofensiva del Pedrero, fui con un grupo de compañeros a comprar alimentos. El Che indicó que rompiéramos todas las botellas de ron que encontráramos en la tienda. 

Cuando llegamos lo primero que hicimos fue romperlas, así que, si algún rebelde quería emborracharse no podía encontrar con qué hacerlo. Fíjense que visión la del Che, porque con eso estaba evitando que el enemigo pudiera tener la oportunidad de sorprender a algunos compañeros o que estos cayeran en la grave indisciplina de tomar ron. 

Después que se tomaron todos los pueblecitos cercanos a las lomas del Escambray, se preparó el combate de Fomento. Yo no había combatido nunca y me dejaron en Piedra Gorda con seis hombres cuidando las mochilas. 

Desde allí veíamos a los aviones bombardeando. Yo estaba muy inquieta y les dije a mis compañeros: "¿Por qué no nos vamos para el combate?, dejamos todo bien guardado, es la única forma de ganarnos un fusil. Si nos matan, mala suerte." 

Había uno que no quería ir, pero lo embullamos y salimos para allá. Me dirigí hacia una casita desde donde salían bastantes tiros, estaba cerca del cuartel. Los aviones empezaron a tirar unos paquetes, algunos caían en nuestra zona, cuando fui a ver, comprobé que no eran bombas, sino jamones enteros y rápidamente los recogía para acumularlos, para cuando terminara el combate darnos tremendo banquete. Los soldados se rindieron a los tres días. 

Fui de las primeras en entrar al cuartel de Fomento, no estuve pensando en que quedaran francotiradores, llegué y agarré un fusil. En eso el Che me vio y me haló por mi pelo que en forma de un rabo de mula tenía amarrado con un arique y me dijo: "¿Qué hace usted aquí? Le respondí: "Usted dijo que había que ganarse el arma y yo vine a ganármela y me la gané, ya la tengo, es esta, mírela." 

En términos muy fuertes dijo: "Usted lo que es una indisciplinada y la voy a sancionar, cómo fue que vino hasta aquí sin permiso, si la hemos dejado en el campamento cuidando con seis hombres. 

"Seguidamente me preguntó: "Estos hombres dónde están." Le dije: "Si no están muertos, deben estar buscando sus fusiles"; me ordenó enérgicamente: "Ponga ahí ese fusil." Mis lagrimas comenzaron a rodar como gotas grandes, empecé a llorar y a decir que una hazaña tan buena que había hecho, cómo era posible que me fuera a pasar eso, que hasta sancionada podía salir. 

Entonces los compañeros le dijeron al Che: "Comandante, mire a Mimí como llora." El vino, me agarró por el moño y me dijo: "Usted es una indisciplinada, pero es una cojonuda de verdad, esa arma es suya, se la ganó." Me quedé con ella hasta el combate de Santo Domingo, donde la cambié por otra que pesaba menos. 

Desde la liberación de Fomento pasé a la línea de combate permanentemente y formé parte del pelotón de mi marido, Israel Chávez, manejando una 30. Combatí en Guayos y Placetas, y cuando hirieron a mi esposo yo mantuve el combate con esa arma. No participé en la zona de Santa Clara, porque a las tropas de Víctor Bordón se les ordenó que debían evitar que llegaran los refuerzos enemigos de La Habana y continuar tomando otros pueblos. 

Después del triunfo de la Revolución estuve con el che en la Cabaña, trabajé en prisiones y comencé a estudiar. Yo era de un pueblo que se llama Manacas, en la provincia de Las Villas; trabajé de empleada domestica desde los 11 años. Cuando tenía 16 conocí a mi esposo, que trataba de ganarse la vida como boxeador. 

Lo veía muy fuerte con un pelo negro muy lindo, pero si lo ven ahora, está calvo completo. Una noche me "robó" de mi casa, así se hacían los matrimonios en el campo y salí de una situación mala para entrar en otra peor, porque tuve que lavar y planchar mucho para la calle. Nos incorporamos al Movimiento 26 de Julio y nos persiguieron y tuvimos que alzarnos para el Escambray.

 Vivimos felices con nuestros dos hijos y nietos. Para que ustedes vean cómo es la vida, las dificultades y la lucha revolucionaria nos han unido mucho. Les contaré otra anécdota sobre el Che para que valoren lo humano que era. En enero de 1959 yo estaba muy triste, porque quería ir a ver a mis hijos, pero no tenía dinero. 

Al Che se lo informaron, le decían y se enteraba de todo. Me mandó a buscar, lo vi con un fuerte ataque de asma, esa asma que siempre lo afectó, le pregunté: "¿Tiene asma, Comandante?" Me respondió: "Mimí, supe que estás triste porque quieres ir a ver a los muchachos y seguro quieres llevarles juguetes y no tienes dinero." Llamó a Aleida y le dijo: "Dale a Mimí 250 pesos." Yo me asusté porque para que el Che diera esa cantidad de dinero en aquella época era un fenómeno. 

Cuando me lo entregó me dijo: "Compra juguetes, pero no solamente para tus hijos, sino también para los otros muchachos del barrio donde vives, que seguro son tan pobrecitos como los tuyos." Me advirtió que no aceptara bajo ningún concepto que el tendero me diera regalos, porque no podíamos comprometernos con nada ni con nadie. 

Enseguida me fui para una tienda y me volví loca de ver los juguetes, hasta compré un traje mexicano y me fui para mi pueblo. No olvido esa sensibilidad del Che que no solo pensó en mis hijos, sino en todos los demás niños pobres del barrio. 

Cuando regresé para La Habana ya mi familia estaba reunida, recuerdo que por aquellos días el Che piloteaba una avioneta, muchos oficiales cuando lo veían salir rumbo a ella se escondían, tenían miedo de subirse a ese aparato y el Che acostumbraba a llamarlos para que los acompañara. 

Yo iba con mis dos hijos y ellos empezaron a decir: "Mira a Che, mira a Che." Los mandé para que lo saludaran. El me llamó y me dijo: "Mimí, ¿quieres dar una vueltecita?" Los muchachos empezaron a decir: "Sí, sí, sí, vamos", y no lo pensé mucho y les respondí: "Vamos." 

Yo siempre tuve gran confianza en él y una gran seguridad, junto a él no pensaba en el peligro ni en nada. Estaba segura de que todo iba a salir bien. Nos montamos en ese aparato y los muchachos estaban locos de contento, viendo todo muy bonito, aquello era una maravilla. Desde arriba todo era lindo. Cuando aterrizamos él fue adonde estaba mi marido y le dijo: "Todos ustedes son unos pendejos (cobardes), pero ella se montó." 

Para mí el Che tenía algo que desde que lo vi en el Escambray y le habló a la tropa, pensé que era un hombre como si hubiera caído del cielo, lo vi distinto, con esa confianza, ese carácter, esa disciplina que lograba imponer, esa lucha constante por la unidad de todas las fuerzas, si no hubiera sido por él, no se logra tan rápido el triunfo de la Revolución en Las Villas. 

La última vez que lo vi fue en 1964, yo iba caminando por la calle Línea, me vio y paró su automóvil, me saludó y me preguntó qué estaba haciendo. Le dije: "Sigo en prisiones, Comandante". Respondió: "Hay que trabajar, Mimí." Después estudié y seguí en el Ministerio del Interior. Cada vez que veo una cosa mal hecha, pienso en cómo actuaría él.

(Tomado del libro Che entre nosotros, de los autores Adys Cupull y Froilán González)

 

 

 

Hasta la Victoria Siempre

 

Consulte las Obras de

José Martí

 

® El Nuevo Fénix. Fundado el 23 de diciembre de 1999. ISSN 1607-3428

Independencia # 52, esquina a Honorato del Castillo,  Sancti Spíritus, Cuba.

Tel: (53) 041 327902---Editor Jefe  Raúl I. García Álvarez

©2007 Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina, S.A. (PL) Todos los derechos reservados. No puede ser reproducido, reimpreso o publicado en cualquier sistema sin previo acuerdo con PL.