Busca en este sitio

 

Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

Villa del Espíritu Santo, Monumento Nacional. Fundada en el centro de Cuba en 1514.

 

Secciones

Portada

La Trinidad

Fotogalerías

Ángulos de la Mayor

Clic fotográfico

   Mi ciudad

Trinidad de Cuba

Rincones espirituanos

 

Símbolos

El escudo

Parroquial Mayor

 

  Artistas

 Luis E. García Hourruitinier

 José Perdomo García

 Antonio Díaz Rodríguez

 Félix Madrigal Echemendía

 Félix A. Pestana Cabrera

 El Nuevo Fénix por dentro

Enlaces y Publicaciones

 

 

 

 

Hasta la Victoria Siempre

Un sitio imprescindible para un mayor acercamiento a la vida y obra de Ernesto Che Guevara. 

El Che educaba con el ejemplo 

Testimonio de Ricardo Martínez Víctores, quien tuvo la fortuna de compartir con el Guerrillero Heroico.

Tenía 21 años de edad cuando me fui para la Sierra Maestra; soy habanero y trabajaba en la emisora Radio Mambí, que estaba ubicada en el mismo corazón de la zona joven de La Habana. Fui para la Sierra con concepciones políticas contrarias al comunismo, luchaba contra la tiranía de Batista porque estaba oprimiendo el pueblo. No soportaba las barbaridades y las brutalidades que se cometían contra los jóvenes y la población en general. Todos los días aparecían muertos en las calles y personas torturadas y asesinadas en diferentes lugares. 

Mi ideal era luchar junto a Fidel. Salí de la Habana en julio de 1957, con Luis Orlando Rodríguez, director del periódico La Calle, y cinco compañeros más. Salimos para alzarnos, aunque viajamos por diferentes vías.

Llegué a la Sierra Maestra impactado por la propaganda enemiga, que era terrible, especialmente contra el Che. Las emisoras de radio del gobierno y la prensa de derecha lo acusaban de comunista internacional, de asesino profesional, que mataba con crueldad a los soldados prisioneros y repetían constantemente esas calumnias. Aquello influyó en mi y en otros compañeros que llegamos a creer que era cierto. Esa fue la causa principal por la que no nos quedamos con él, Le dijimos que sencillamente queríamos estar con Fidel. 

El encuentro con el Che se produjo de noche, estaba de pie, recostado a un bohío, a la luz de un candil o mechón, con el pelo revuelto, sudoroso, con la cara grasienta y la forma de mirar tan especial con los rasgos acentuados por las sombras y los contrastes de la luz, que no dudé por un solo momento que era tal como la propaganda decía. El nos brindó tostones, pero ni ese gesto me hizo borrar la imagen. 

Pasados unos días nos envió a Orestes y a mí para la tropa de Fidel. Haroldo Cantalló se quedó con él, porque confió desde los primeros momentos. En una etapa estuvieron unidas las columnas No. 4, del Che, y la No. 1, de Fidel. Recuerdo que pasé mucho trabajo, no estaba acostumbrado y realmente me costó adaptarme a la vida de la guerrilla, que era muy fuerte, muy dura, además del hambre, lo que tienes que cargar, lo que tienes que caminar, que no hay agua a veces, en ocasiones había que acostarse sin comer, muchísimas veces tienes que caminar toda la noche sin una luz, no puedes encender un cigarro. Yo nunca había salido de la ciudad para nada, no había estado en una finca ni había subido lomas. 

Un día me quedé rezagado, ya no daba más, la Columna se había ido bien adelante, venía muy mal, muy cansado y en eso ve venir al Che con un ataque de asma muy fuerte, venía cargado, porque cargaba más que nadie, dentro de su gente era ejemplar. Había una cosa que nadie quería cargar que era la lata de la cocina, una lata de esas de guardar manteca, que se dividía entre la escuadra para que cada uno la llevara un día distinto, pues no podía sonar ni en el caso de que te metieras en un desfiladero, era una desgracia y un estorbo. 

Tenías que llevar la mochila, y en ella tus pertenencias, las viandas que pudieras, el fusil, las balas y la lata cuando te tocara, la única mano libre, prácticamente, tenías que ocuparla en ella y no te podías aguantar, era un verdadero problema y el Che, aparte de la mochila normal, su fusil, la mochila de las medicinas que siempre llevaba adelante, la canana, la cantimplora y todas esas cosas, cuando le tocaba la lata, la llevaba, siendo Comandante y con el ataque de asma tan fuerte de aquel día, eso me impresionó muchísimo. 

Llegó donde yo estaba, se apoyó en mí, me puso la mano en el hombro y me dijo: "Vamos, que ya nos falta poco para llegar al final", o sea poniéndose al nivel mío, con el mismo problema los dos. Comienzo a caminar pensando: mira este argentino que está peor que yo dándome ánimo a mí, que estoy hecho una basura ya, que no doy más, o sea, solo la fuerza del ejemplo del Che es lo que me hace seguir, es el deber de seguir, seguimos juntos caminando, ayudándonos uno al otro, y llegamos. Esa es la primera impresión que tengo del Che verdadero. 

Cuando se presentó la posibilidad de instalar la emisora de Radio Rebelde, Fidel el Che, Almeida, Ramiro Valdés y Luis Orlando Rodríguez se reunieron en el bohío de la Comandancia de la Mesa y se planteó que la planta de radio ya estaba en camino. Salió a relucir que había dos compañeros que sabían de radio, Orestes Varela y yo, y nos propusieron que nos fuéramos con el Che. Desde ese momento pasé bajo sus órdenes directas, tanto en la emisora como en el periódico El Cubano Libre. Aquí fue cuando nosotros de verdad comenzamos a conocerlo. 

Lo veíamos más de cerca, nos visitaba a menudo, conversaba con nosotros, se interesaba por todo lo que estábamos haciendo, escribiendo, y, en especial, por la programación. Allí apreciamos la amistad entre el Che y Camilo, este último tenía vocación de locutor de radio, le gustaba ser locutor e iba mucho a la emisora. El y el Che comenzaban a bromear y fuimos viendo al Che de otra manera, incluso "jodedera" por momentos, no al estilo cubano, sino como yo creo que deben ser los "jodedores" argentinos.

Allí también apreciamos el trato con los campesinos, con los soldados, era siempre el último a la hora de comer. Un día dijo que en la emisora hacía falta una voz de mujer, entonces envió a una compañera, Olguita Guevara, que la tenía de maestra de los campesinos y de los combatientes de la columna No. 4. Ella era una jovencita romántica y valiente, muy firme en sus convicciones revolucionarias y en la necesidad de luchar por la Revolución, costara lo que costara. Tocaba guitarra y le gustaba cantar, y no obstante estar en medio de la guerra, cada vez que se daba la oportunidad los compañeros organizábamos descargas en las cimas de las lomas, con canciones y poesías a la luz de la luna, y en ocasiones contábamos con la presencia del Che y hasta de Fidel. 

Recuerdo las competencias de tiro entre el Che, Camilo y Fidel. Parecían unos muchachos cuando comenzaban a discutir para ver quién tiraba mejor y quién daba en el blanco más veces, se choteaban mutuamente cuando fallaba uno u otro, el Che entraba en ese juego, eran relaciones muy fraternales entre los tres.. El Che me preguntaba acerca de La Habana, cómo era la vida, las costumbres, quién era el dueño de la emisora de radio donde yo trabajaba, cómo había entrado al Movimiento 26 de Julio, cuál era el estado de opinión existente en la capital, qué era lo que estaba pasando. 

El Che fue un hombre muy valiente, quiero contarles una anécdota. Cuando la entrevista de Jorge Ricardo Massetti en el Alto de Conrado: estabamos presentes varios compañeros, recuerdo que en ese momento la aviación comenzó a bombardear cerca, nosotros nos fuimos corriendo a refugiarnos, pero él se quedó con Massetti y le dijo que lo importante era que pueblo escuchara como fondo de la entrevista la verdad de lo que estaba sucediendo, cómo se bombardeaba y asesinaba a los campesinos; al ver que ellos dos se quedaron, reaccionamos, recobramos el valor, y regresamos poquito a poco. El Che era un hombre que con el ejemplo educaba, comprometía y obligaba a seguirlo hasta las últimas consecuencias.

Fue un hombre muy justo y solidario, incapaz de cometer cualquier arbitrariedad, trataba de que sus hombres fueran verdaderos revolucionarios, no le hacía nada malo a ninguno, su conducta era muy limpia, muy clara, si tenía que decirle algo a alguien se lo decía directamente; no andaba con rodeos, intrigas ni indirectas, nunca habló por detrás de nadie, decía las cosas de frente y si había que sancionar, lo sancionaba de manera directa. Después que sancionaba al hombre le daba tratamiento, lo iba a ver, le hablaba, le hacía entender sus errores o culpas, se preocupaba por conocer cómo estaba, cómo se sentía; creo que es importante ser como él, exigente y humano. 

El trato con las gentes era excelente, incluso con los enemigos, y aunque era un principio en el Ejército Rebelde, cuando caían heridos eran los primeros en ser atendidos, no permitía que se abusara de los prisioneros, al contrario, teníamos que cuidarlos, si había un enfermo se quitaba las medicinas para dárselas.

Al Che no lo volví a ver hasta después del triunfo revolucionario, fue un día que visité el Ministerio de Relaciones Exteriores, cuando lo vi sentí tanta alegría que fui corriendo a saludarlo y le dije: "Coño, Che" y él me dio un fuerte abrazo. Enseguida me di cuenta de que había metido la pata, porque estaba conversando con unos señores elegantemente vestidos. Traté de disculparme, sin embargo, él, al percatarse de mi situación, me dijo: Ricardo, te presento a los embajadores de tal país, de tal y de tal. Nunca me reprochó esa falta; al contrario, me puso al mismo nivel de los embajadores. 

(Tomado del libro Che entre nosotros, de los autores Adys Cupull y Froilán González)

 

 

 

Hasta la Victoria Siempre

 

Consulte las Obras de

José Martí

 

® El Nuevo Fénix. Fundado el 23 de diciembre de 1999. ISSN 1607-3428

Independencia # 52, esquina a Honorato del Castillo,  Sancti Spíritus, Cuba.

Tel: (53) 041 327902---Editor Jefe  Raúl I. García Álvarez

©2007 Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina, S.A. (PL) Todos los derechos reservados. No puede ser reproducido, reimpreso o publicado en cualquier sistema sin previo acuerdo con PL.