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Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

Villa del Espíritu Santo, Monumento Nacional. Fundada en el centro de Cuba en 1514.

 

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Un sitio imprescindible para un mayor acercamiento a la vida y obra de Ernesto Che Guevara. 

 

Pombo, el escolta del Che 

Testimonio de Harry Villegas Tamayo. La vida de este hombre sencillo junto al Guerrillero Heroico desde la Sierra Maestra hasta Bolivia.

Soy coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y uno de los sobrevivientes de la guerrilla del Che en Bolivia, conocido por Pombo, seudónimo que me puso el Che cuando llegué al Congo.

Me llamó Pombo Pojo, que significa en lengua nativa "néctar verde". Con los demás compañeros hizo lo mismo, recuerdo que a Emilio Aragonés, por gordo y grande, le puso Tembo, que significa "elefante", a Víctor Dreke, Moya, que es "uno" y así a todos los compañeros. El se nombró Tatu, que es "tres" y fue como lo conocieron en aquellas selvas. 

Yo tenía 16 años de edad cuando en noviembre de 1957 conocí al Che en Canabacoa, un pueblito en las estribaciones de la Sierra Maestra. El caserío era muy pequeño, con una panadería, unas pocas casas y un arroyito, se caminaba unos metros y se llegaba a unas zona de vegetación muy boscosa y junto a ella las lomas de la Sierra.

 A este lugar llegué después de algunas experiencias guerrilleras como escopetero en los llanos del Cauto. Éramos un grupo de muchachos muy jóvenes que nos habíamos alzado después de un combate, sufrimos una intensa persecución y llegamos a este lugar. 

Mientras esperábamos a que tomara una decisión con nosotros, llegó el Che. Lo vi como la figura legendaria e invencible de la que ya se hablaba, venía montado en un mulo y acompañado por Guille Pardo y Miguel Álvarez, para mí fue electrificante. Preguntó que quiénes éramos y qué armas traíamos. Le explicamos y le mostramos un revolvito. El nos miró y dijo: "Ustedes piensan que con esas armas pueden hacer la guerra." Lo dijo en un tono muy autoritario, atrevido, con mucha fuerza y esa forma me impactó y le cogí hasta miedo. 

Estaba vestido con un uniforme de campaña un poco más fresco que los de los demás, a pesar del frío de la Sierra, lo usaba para ayudarse con el asma, porque los otros eran muy gruesos. El Che tenía una gran afinidad con los jóvenes, le gustaba tenerlos a su alrededor, por eso creo que nos aceptó a nosotros y nos llevó con él. 

En la medida en que avanzábamos hacia el campamento de La Mesa el camino era más complejo y difícil, los ríos más caudalosos, yo era un muchacho muy débil y flaquito y mi mamá me había dicho que cuando se presentaran las primeras penurias, no iba a poder resistir, eso me inspiraba a seguir adelante y demostrarme que sí podía; para lograrlo tuve que hacer grandes esfuerzos y así nos fuimos desplazando hasta llegar. 

Un tiempo después me fui con el Che para Minas del Frío, me advirtió que además de las clases militares, tenía que incorporarme a la escuela y a las actividades culturales. Recuerdo que estaban estudiando a Mao Tse Tung en los aspectos de la guerra de guerrilla, también Historia de Cuba, Matemáticas y otras materias. 

A él le gusta que los jóvenes nos superáramos, esa fue una constante, decía que quienes estaban luchando por la libertad y la independencia definitiva de Cuba, una vez que terminara la guerra, tenían que dirigirla y para ello había que estar preparado lo mejor posible. La guerrilla para el Che era una escuela no solo militar, sino cultural y educacional, se preocupaba por formar a los futuros cuadros de la Revolución. 

Un día se produjo un incidente fuerte, cometí un grave error, en Minas del Frío se organizó la famosa huelga de hambre en la participé como uno de los principales cabecillas, aunque el máximo responsable fue un compañero de Niquero. 

Cuando el Che se enteró amenazó con fusilar al instigador y dejar sin comer durante varios días a los principales organizadores, al resto de los participantes los amenazó con ponerlos de castigo durante un día completo, en un polígono que teníamos en las Minas, eso era terrible, porque le teníamos mucho miedo a los aviones y en esos días eran frecuentes los bombardeos, el terror era tal, que en el campamento había un compañero que se apellidaba Carrión y un día lo llamaron en voz alta y la gente oyó "avión" y por poco hay muertos y heridos del tropelaje que se armó, varios chocaron, unos con otros, buscando los refugios. 

El se indignó conmigo, pueden imaginarse, yo, miembro de su escolta, organizando una huelga de hambre, me recriminó fuertemente y amenazó con fusilarme. Dijo que el problema era que por un plato de comida alguna gente se comportaba de esa forma, que esas mismas gentes en los combates, aunque existe la posibilidad de la muerte, ansía luchar, combatir al enemigo, pero que de igual forma debe ser con las cosas cotidianas. 

Esas gentes dispuestas a morir en el combate, cuando les falta conciencia luchan por la subsistencia, y la comida. Dijo que se requiere de gran conciencia colectiva y de ejemplo personal de los que piden sacrificio. Me recriminó fuertemente, porque dijo que si los que teníamos que dar el ejemplo no lo hacíamos, entonces el problema era más grave y que yo había violado ese ejemplo personal. 

En verdad él estaba muy disgustado y quería sancionar severamente a los que estábamos metidos en aquel asunto, pero vino Fidel, se reunieron y decidieron no fusilar a nadie, sino castigarlos con no darles comida durante algunos días a los culpables. 

Luchaba con nosotros, como si fuéramos sus hijos, tratando de formarnos en todos los sentidos, de criticarnos y sancionarnos cuando era necesario. 

Un día me mandó a buscar miel a una casa en los llanos de Manzanillo, cinco o seis días de camino, al regreso un campesino nos brindó café, pero no tenía azúcar para endulzarlo, le di un poco de miel y le regalé el resto de una de las botellas, alguien me acusó ante el Che de que le había regalado la botella completa y me llamó a contar, después de criticarme fuerte me dijo: "Usted cree que es el dueño de la Revolución para andar regalando lo que no es suyo, cómo se atrevió a coger lo que es propiedad social de toda la guerrilla." El era severo con los que usaban indebidamente los recursos y me castigó a tres días sin comer, esa era una forma de educarnos. 

Antes de salir en la Invasión, se organizó el cerco de Las Mercedes y en esos días, íbamos con él, dos compañeros y yo, el resto de la Columna se colocó a lo largo del camino. Frente a una casa nos dieron el alto, y cuando nos dimos cuenta allí estaba el ejército, que comenzó a disparar, nosotros a correr, ellos a tirarnos y nosotros a correr más rápido, hasta que logramos salir. Yo creo que esa fue la vez que más corrió el Che en su vida, porque aquello parecía una competencia de campo y pista. Cuando nos alejamos, preparó la columna y organizó la defensa.

Cuando la entrevista entre Fidel y Cantillo, a este lo acompañaron varios pilotos, que se dedicaron a observar bien nuestras posiciones en Las Mercedes, varios días después comenzaron los bombardeos y una de las bombas cayó a unos 10 metros de nuestro refugio; el Che calculó que tenían el lugar exacto donde estábamos porque no era posible tanta precisión, en la segunda vuelta los aviones bombardearon a unos tres metros y el Che dio la orden de salir rápido, y efectivamente al tercer bombardeo impactaron y destruyeron los túneles de nuestros refugios. El tenía una gran habilidad militar, una profunda suspicacia guerrera. 

La Invasión se organizó bajo el principio de voluntariedad, el Che planteó que habíamos recibido una misión, la de salir a cumplir una tarea muy difícil y compleja en donde no menos del 50 por ciento podríamos morir, el que no quisiera ir, se podía quedar, no era obligatorio. Todos levantaron la mano, excepto dos compañeros, que no querían abandonar la Sierra. 

Nosotros teníamos allí 10 puercos y estábamos pasando un hambre tremenda, pero el Che dentro de su concepción de futuro decía que no se podían matar porque eran los primeros pie de cría para cuando triunfara la Revolución. Nosotros no teníamos esa visión tan larga y lo que queríamos era comernos algunos de aquellos animales. 

En esa coyuntura llegó la aviación a bombardear y aprovechamos esas circunstancias para matar cuatro puercos y culpar a la aviación del hecho. Cuando llegó le dijimos: "Comandante, tenemos una pena con usted tremenda, los aviones mataron cuatro puercos". El dijo: "¿Cómo es eso posible?, ¡cómo mataron cuatro puercos y ninguno de ustedes resultó herido?" Le dijimos: "Imagínese, Comandante, nosotros somos personas y nos refugiamos y los culpables fueron los pilotos que los ametrallaron". Preguntó: "¡Con qué calibre los mataron?" Le respondimos que no sabíamos y entonces dijo: "Vamos a ver a los puercos". Y respondimos: "No puede verlos porque ya los estamos asando". De esa forma no pudo comprobar lo que seguramente estaba sospechando. 

Con él hice la Invasión, la llegada al Escambray y la toma de la ciudad de Santa Clara. Fue en este período que conoció y se enamoró de Aleida March. Ese amor no surgió superficialmente como algunos piensan, no fue que se vieron y se enamoraron enseguida, no fue amor platónico o a primera vista, sino que surgió en el desarrollo de la lucha, en el quehacer revolucionario se fueron identificando. Yo lo veo así. 

El amor comenzó a surgir poco a poco y culminó después del triunfo de la Revolución, cuando se casaron en casa de Alberto Castellanos. Yo los llevé al lugar donde pasaron la luna de miel. Les quiero decir que Aleida es una mujer muy valiente, una mujer de criterios, por sus actividades revolucionarias ayudó mucho al Che en sus análisis y en la interpretación de varios fenómenos; nos ayudó mucho a nosotros, a los escoltas del Che, Alberto, Hermes, Argudín y a mí, podríamos decir que fue como nuestra madrina, porque éramos traviesos y el Che a veces nos criticaba duro y ella era la intermediaria en muchas oportunidades en que evaluaba la situación de manera distinta y le hacía ver que era muy fuerte con nosotros. Especialmente contra Alberto y conmigo, que como teníamos mayor nivel cultural que los otros dos nos llevaba más recio. 


El Che nos conocía como conocen los padres a los hijos, sabía cuándo hacíamos una maldad, cuándo le ocultábamos algo, cuando cometíamos un error por ignorancia o por travesura. Hermes fue un compañero excepcionalmente valiente y humano, muy noble, y es el primero que sale a cumplir una misión internacionalista enviado por el Che, después Alberto y más tarde yo. En el conocimiento del Che de uno de nosotros y de los cubanos en general, Aleida desempeñó un importante papel. El amor de ellos dos se fraguó en la lucha. Recuerdo que cuando entramos a Santa Clara, el pueblo decía que el Che venía con tres mujeres, una rubia que era Aleida, una negra, que era yo, y una jabá que era Parrita, porque como él y yo teníamos un pajonal por pelo y no teníamos barba, nos confundieron con mujeres. 


Desde la época del Escambray, Aleida siempre estuvo a su lado, debe haber aprendido mucho de él, porque nosotros no estábamos acostumbrados al fragor del sacrificio, al esfuerzo permanente como el Che. Y las primeras normas qué él impuso fueron de convivencia, normas estrictas que al principio no las comprendíamos cabalmente, por ejemplo, exigía que la comida fuera la que nos tocaba y nada más, el hecho de que nadie tuviera una participación excepcional por nada, ningún privilegio. Cuando él veía algo extra de comida, me llamaba para ver de dónde la había sacado e indagaba por qué vino, por qué la acepté, y llamaba a Aleida y la hacía responsable de que eso no podía pasar. Aleida velaba por eso y no permitía que entrara nada que no estuviera establecido. 


Todo esto le daba una autoridad moral extraordinaria, una de las grandes virtudes por la que el Che ha podido pasar a nuestra historia revolucionaria con tanta fuerza, con tanto respeto, eso que nadie puede señalarle nada porque fue estricto en todos sus actos y misiones. No se otorgaba ningún derecho o privilegio que no tuvieran los demás. El decía que como ciudadano cubano era de la Sierra Maestra, que era oriental porque fue donde aprendió a hablar cubano, a identificarse con la gente, adquirió algunos dejos orientales. En el contexto humano, creo que Aleida influyó mucho en él y, a su vez, él sobre ella. Un amor ejemplar de revolucionarios, muy abierto. Actuaban de acuerdo con nuestras realidades y principios.

 
De Santa Clara lo acompañé a La Habana, pero eso es historia bastante conocida. Al triunfar la Revolución, fui jefe de su escolta; estuve con él en La Cabaña, Tarará, Santiago de las Vegas, Ciudad Libertad, Calle 18 y Nuevo Vedado. De ahí para el Congo y después Bolivia. Siempre a su lado.

El nos puso a Alberto Castellanos y a mí a estudiar, pero en vez de hacerlo, nos pusimos a querer aprender a pilotear aviones e incumplimos la tarea que nos dio. El nos había puesto un maestro de apellido Abad, y cuando le informó que no estábamos estudiando, nos llamó para conocer los resultados de las clases. A todos los que tuvieron buena conducta los ascendió, menos a Castellanos y a mí, y nos sancionó a arar y sembrar un terreno de un solar yermo muy grande que había cerca de la casa. Nos dijo: "Ustedes son bueyes y quieren seguir siendo bueyes, no quieren superarse." 

Enseguida nos buscamos un tractor y cuando lo vio, nos dijo: "No, no, no, con tractores no." 

Entonces conseguimos una yunta de bueyes y también nos la quitó, y tuvimos que ararlo así, peor que los bueyes. Al pasar el tiempo recogimos una buena cosecha de col, tomate y ají. El nos preguntó: "No sienten ahora el fruto de ese esfuerzo" y agregó: "Igual debieron sentir al estudiar." 

Dentro del Ministerio de Industrias me hizo pasar la escuela de administradores y la de directores de empresa y allí se produjo un incidente y una discusión, donde el director de la escuela criticó a un compañero como de bajo nivel político porque hizo una reclamación de un descuento salarial. La crítica no era justa y dos o tres compañeros salimos en su defensa. Le viramos la reunión al director. Eso no se quedó allí, sino que se hinchó. Fui y me acosté en la casa, cuando me levanté por la mañana, la posta me dijo: "Dice el Comandante que no te vayas, que lo esperes." Yo me dije: ¿Qué habrá pasado? 

Le habían dicho que yo como jefe de la escolta y su ayudante, haciendo abuso de esas relaciones, le había virado la reunión al director. Cuando él me vio expresó: "Así que haciéndote el prepotente, quién cree que es usted, se piensa que es el dueño de la Revolución, no se da cuenta de que no ha hecho nada por ella." Yo le dije: "No sé de qué usted me está hablando", y respondió, "De la actitud que tuvo ayer en la reunión." Le expliqué la forma en que actué y por qué. Pero me ordenó: "Estas expulsado de la escuela, no se puede presentar otra vez allí hasta que investigue y le avise." Le dije: "Averigüe bien, porque no es como le han dicho." 
Averiguó y me mandó a buscar. Me ofreció disculpas, me afirmó que era verdad lo que le había dicho, que tenía razón y que lo había podido comprobar, que me reintegrara al curso. A mí a cada rato me acusaban de algo diferente.

Su aspecto humano era muy importante. En África retomó otra vez la medicina, era una preocupación constante cuidar al hombre, no escatimó el más mínimo esfuerzo, sin temores ante la miseria, las enfermedades, la insalubridad de aquellas zonas, todo lo cual se convirtió en una leyenda en África. De igual forma profundizó su sensibilidad humana con los nativos, a pesar de las limitaciones del idioma, aunque él hablaba francés y eso a veces era suficiente, pero llegaba a la gente con su mensaje humano, de preocupación. Ahí vimos que la concepción humanista del Che no era de forma religiosa sino revolucionaria, luchaba por la gente, contra las adversidades, por el hombre. 

Para el Congo fui como parte de su seguridad personal. Fidel se reunió con nosotros y quería que cuidáramos mucho al Che, que nada le fuera a pasar, ese fue el motivo fundamental de mi misión, protegerlo y cuidarlo por órdenes de Fidel.

Su internacionalismo era una latente, en el viaje por África y Asia llegó a la conclusión de que había condiciones y que era necesario darle una batida al imperialismo norteamericano, eso fue siempre una constante en él. El internacionalismo era la vía de materializar sus ideas, ya había estado en Guatemala, vino a nuestro país, a prestarle ayuda a nuestro pueblo, fue al Congo y a Bolivia, y aspiraba a materializarlo en su propia Patria. El señalaba que el concepto de imperialismo tenía un carácter internacional, de igual forma la lucha revolucionaria tenía que ser internacional. 

  (Tomado del libro Che entre nosotros, de Adys Cupull y Froilán González)

 

 

 

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