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Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

Villa del Espíritu Santo, Monumento Nacional. Fundada en el centro de Cuba en 1514.

 

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José Martí y la Exposición de Bellas Artes

Lourdes Ocampo Andina

"El arte es una forma de armonía", dijo José Martí en sus comentarios sobre una visita a la Exposición de Bellas Artes, de México, en 1875, que aparecieron en la Revista Universal.

La Exposición de Bellas Artes, preparada por los alumnos de la Academia de San Carlos, en los salones de la propia institución, es toda una fiesta del arte mexicano, y Martí asiste a ella como espectador crítico y como reportero.

Comienza su visita con un paseo por las salas de grabado, luego se recrea en la de cuadros originales de pintores que no pertenecen a la Academia, y continúa su recorrido por toda la exposición hasta detenerse en aquellas pinturas que m s le llaman la atención, motivos principales de su comentario.

Hay en la exposición una galería dedicada a la colección de retratos de gobernantes de Puebla: uno del gobernador Romero Vargas, otro de Juan Múgica y Osorio, de Manuel Gómez Pedraza, de Don Ignacio Mejía, y como remate un retrato de Rafael García, de cuyos hombros pende una capa y las manos se le cierran al frente "con verdad pasmosa".

"Como la belleza es la conformidad del espíritu con todo lo indescifrable, lo exquisito, lo inmedible y lo vago.", Martí se deleita en las obras que lo inviten a lo novedoso y a lo sugerente.

Le llama la atención una pintura de la mexicana Palmira Borrás de Collé en la que se observan una anciana de rugoso rostro, con apacible mirada, y una joven lánguida, de "ojos grandes como los de las árabes".

También se detiene en el Valle de México, del mexicano José María Velasco, que era profesor de perspectiva de la Academia y que actualmente se considera el mejor artista mexicano del siglo XIX.

Según Martí, este cuadro es un "notabilísimo paisaje, tan bello como la naturaleza, espléndido como nuestro cielo, vigoroso como nuestros árboles, puro como las aguas apacibles de nuestra majestuosa laguna de Texcoco." En fin, la pintura es paradigma de la majestuosidad de la naturaleza americana.

Otro de los cuadros que llama la atención de Martí es el óleo Stella Matutina, de Juan Cordero, que fue un mexicano discípulo de la Academia de San Carlos, y que estudió también en Roma y se destacó por la inclusión de tipos mexicanos en su pintura de inspiración clasicista.

El óleo en cuestión llama la atención, según confiesa, por la originalidad del colorido y por el vigor de las líneas del cuadro, pues representa una virgen, que curiosamente no inspira ternura, ni claridad, ni la pureza exquisita habitual.

Su virgen es "hija de una inspiración m s atrevida que tierna", pues el rostro no es delicado, y las extremidades no acusan perfección, y el manto no cae suavemente.

Incluso el ángel sorprende al espectador por lo vigoroso, "pudo ser así Luzbel; pudo ser así Miguel cuando doma y tritura a la serpiente, pero el ángel anunciador no fue nunca así", dijo Martí.

Uno de los cuadros m s elogiados de la exposición fue La muerte de Maraté la obra cumbre de Santiago Rebull, que fue discípulo de Clavé en México y de Thomas Consoni en Roma, y que decoró algunas terrazas del Castillo de Chapultepec.

La muerte de Marat representa un homicidio cometido por "la delicada mano de mujer", y como delicado es el motivo, delicado también ser el cuadro. Representa a Carlota Corday, la autora de la muerte de Maraté que lo apuñaló para vengar a los girondinos, acusados y perseguidos por este.

Martí la ve representada como lo enérgico y lo sublime, como un espíritu puro, asceta en sus concepciones de libertad. Según él, Rebull une "a la energía la hermosura femenil y crea a Carlota".

Es la imagen del espanto, luego de dar el golpe mortal. "Se le dio a la heroína la clase de belleza que le era necesaria: la belleza trágica, la hermosura de Medea, sin ninguno de sus rasgos antipáticos. [.] Esa mujer está temiendo, está espantándose, está andando: se sale del cuadro".

Mientras Marat es representado con el torso de fiera, con la cabeza inclinada hacia atrás en un movimiento de suprema maldición, y todo contraído en su baño, crispándose su corazón herido, con tronco de encina al lado y una tabla de madera cruda en la bañera, y papeles sobre el suelo completan el conjunto.

El cuerpo de Marat descubre el alma, las desnudases de su cuerpo revelan las de su alma.

En fin, la exposición fue el orgullo del arte mexicano en aquel entonces. Aquella magnífica muestra inspiró a Martí, quien pudo conocer el mundo de las artes plásticas de la ,poca y convertirse en un excelente cronista.

 

 

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® El Nuevo Fénix. Fundado el 23 de diciembre de 1999. ISSN 1607-3428

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