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Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

Villa del Espíritu Santo, Monumento Nacional. Fundada en el centro de Cuba en 1514.

 

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Martí y los espirituanos

 

Mario Valdés Navia

En su vida corta y azarosa, consagrada al ideal de la independencia de Cuba, el Apóstol José Martí sólo permaneció en el territorio cubano por un tiempo equivalente a 16 años y entre cinco a nueve meses –aproximadamente el 40 % de sus 42 años [1].

El resto de su existencia vivió el cruel destino de los exiliados políticos, lo que no impidió que fuera un cubano de pura cepa y un conocedor de los problemas y las peculiaridades de la Cuba de su tiempo. Así, el más cubano de todos los cubanos sólo visitó la parte oriental  del país en los 38 días que vivió “rodeado de luz”, en los campos y montañas de Cuba Libre.

De las poblaciones cubanas El Maestro solamente conoció a La Habana, su ciudad natal; a Nueva Gerona, en 1870 y, de pasada, a los pequeños poblados de Batabanó, en 1868, y Cajobabo, en 1895 [2]. No obstante, en la intensa vida social que tenía en el exilio, Martí hizo relaciones con revolucionarios de todo el país, entre ellos: veteranos de la Guerra Grande y la Chiquita, desterrados, profesionales y artistas, empresarios y obreros, unidos todos por el ansia de libertad para la sufrida patria cubana. En estos contactos gustaba de escuchar anécdotas, testimonios y narraciones sobre acontecimientos de la guerra y descripciones de las distintas regiones del país que no había visitado. Esto le permitió llegar a escribir sobre lugares y acontecimientos de Cuba con tal plasticidad que parece haberlos vivido.

En esos avatares de la lucha revolucionaria, Martí entabló relaciones directas con varios hijos de Sancti Spiritus, inmersos como él  en las labores patrióticas. Estos hombres y mujeres tuvieron el privilegio de recibir, del modo más directo, la influencia de su apostolado y lo ayudaron en su labor titánica, a partir de las condiciones y posibilidades de cada uno. Sirva este acercamiento para divulgar estas relaciones y las personalidades de estos patriotas – algunos poco conocidos y estudiados -. Entre éllos encontraremos algunos de los más fieles colaboradores del Maestro y otros que sólo compartieron algunos momentos de su vida, pero todos pusieron su grano de arena en el empeño por hacer libre y próspera a la Patria.

DESARROLLO

El diferente nivel de profundidad, e intensidad, de las relaciones establecidas entre José Martí y patriotas espirituanos hace necesario adelantar una posible clasificación de estas en tres grandes grupos, que faciliten el análisis de cada caso, a saber::

1.      DIRECTAS: Cuando se hace referencia a vínculos personales directos.

2.      INDIRECTAS: Tratándose de referencias mutuas, sin contactos personales directos, aunque existiera un conocimiento del otro.

3.      PRESUMIBLES: Relaciones probables, pero no demostradas.

1.- RELACIONES DIRECTAS

Por la profundidad alcanzada,  no hay lugar a dudas en cuanto a la trascendencia de los vínculos entre Martí y nuestro gran paladín, el general de tres guerras, Serafín Sánchez Valdivia (Sancti Spiritus, julio 2 de 1846 – Paso de Las Damas, noviembre 18 de 1896). Desde junio de 1891, en que Serafín, abandonando en República Dominicana  a su familia y a su compadre  el General Máximo Gómez, llega a la ciudad de New York y se presenta ante Martí, este lo acoge con sumo  cariño y admiración y le brinda toda su confianza.[3]

La misión que Serafín se ha planteado al lado de Martí: promover el acercamiento necesario entre este y el Generalísimo, es cumplida con creces, llegando a convertirse en uno de los colaboradores principales en la magna tarea que Martí lleva adelante por esos días: la unión de los revolucionarios cubanos en un partido político. Como parte de estas labores, el general Serafín Sánchez fue enviado por Martí a La Florida, a crear condiciones para la creación del PRC y, proclamado este, trabaja por su fortalecimiento y lo defiende con todo su prestigio de gran jefe militar.

Entre 1891 y 1895, el Apóstol envía más de 100 cartas, telegramas y cables a su amigo Serafín, siendo el segundo hombre a quien más escribió, solo superado por su amigo mejicano Manuel Mercado, a quien conocía desde el ya lejano 1874. Lamentablemente, la mayor parte de las cartas de Serafín a Martí no han sido encontradas[4]. Hoy solamente se conocen cuatro de ellas, pero por las epístolas del Apóstol, se percibe lo íntima que llegó a ser esta relación. A  Serafín le confió Martí otras importantes tareas, entre ellas:

·        Escoger al enviado principal del PRC a Cuba, honor que recayó en el Comandante Gerardo Castellanos y Lleonart, gran amigo de Serafín.

·        Defender el proyecto martiano en el seno de la poderosa Convención Cubana, de Cayo Hueso.

·        Redactar y firmar el documento mediante el cual los jefes militares más importantes, residentes en los Estados Unidos, manifiestan su adhesión al PRC declarando “es nuestro acuerdo, en la hora que consideramos suprema, declarar, previo examen, nuestra fe en el PRC”.[5]

·        Escribir  semblanzas  de héroes populares de la guerra, para ser publicadas en la sección “Caracteres”, del periódico “Patria”. A solicitud de Martí, estos trabajos fueron compilados en el libro “Héroes Humildes”, siendo Gonzalo de Quesada el compilador y autor de una bella semblanza del espirituano. Asimismo, Serafín compiló, a instancias de Martí, su no menos famoso libro libro de poemas, “Los poetas de la guerra”, con preámbulo del propio Maestro.

·        Comandar, junto al Mayor General  Carlos Roloff, la expedición que se enviaría  a Las Villas, labor que Serafín cumplió cabalmente, después de muerto su jefe y amigo, y que vino a ser el mayor homenaje que podía rendir a su memoria.[6]

Como expresión de este sentimiento el vapor que trajo la expedición Sánchez – Roloff – Mayía, desde  Pine Key, en La Florida, hasta la playa espirituana de Punta Caney, fue rebautizado con el nombre de “José Martí”.

Expresión póstuma de la hermandad entre ambos próceres es el artículo “Martí”, escrito por Serafín para dejar constancia de sus impresiones al visitar Dos Ríos, un año después de la caída en combate del Apóstol. Este hermoso trabajo periodístico fue publicado en “El Cubano Libre” [7] , el 30 de junio de 1896. 

La profunda amistad entre el Apóstol y el general Sánchez es bien conocida, pero  pocos han prestado atención al hecho cierto de que Martí fue también amigo, y compañero de luchas, de otros miembros de esa gloriosa familia, como el también general Raimundo Sánchez Valdivia (Arroyo Blanco. Sancti Spiritus, agosto 21 de 1865 – La Habana, octubre 5 de 1928) y Josefa Pina Marín (La Pepa) (Arroyo Blanco, junio 15 de 1857 - ¿ 1930),  esposa y colaboradora de Serafín.

El primer contacto entre Martí y Raimundo ocurre en Cayo Hueso, en noviembre de 1892, al coincidir la llegada al exilio del joven estudiante de medicina  con el arribo de Martí a esa localidad floridana[8]. Pronto El Delegado escoge a Raimundo como amanuense, para redactarle las cartas secretas que  enviaría a los conspiradores en la Isla. Más de un mes estuvo el joven, junto a otros dos secretarios, tomando los dictados de El Maestro, conociendo e identificándose con su manera de pensar y de actuar. Posteriormente Martí le asignó otras tareas más complicadas e importantes, entre ellas varias misiones secretas a Cuba.

En una de las fotos más famosas de Martí entre los revolucionarios de Cayo Hueso aparece Raimundo, junto a su hermano Serafín, muy cerca del Apóstol (ver anexo I).

En mayo de 1894, en ocasión de la visita de  Martí al Cayo, acompañado por  otro espirituano, el joven Panchito Gómez Toro, ocurre un reencuentro con Raimundo, quien se convierte en amigo inseparable del hijo de Gómez, compartiendo ambos una gran admiración por el genio del Apóstol.

En las cartas de Martí a Serafín hay constantes referencias y saludos a Raimundo, a quien cataloga de “Mi hermano”.

 Sobre la relación de Martí con Pepa Pina es de destacar que no se trata solo de la relación amistosa y cordial con la esposa de un amigo íntimo, sino que la inteligencia y el valor de la joven espirituana fueron reconocidos y admirados por el Apóstol en varias oportunidades. Así, en agosto de 1893, Martí escribe a Gómez sobre el brillante papel de enlace y orientación revolucionaria que ha cumplido La Pepa en  La Habana, donde se entrevista, entre otros, con el general Francisco Carrillo[9].

En sus misivas a Serafín, Martí dedica siempre un espacio a La Pepa, como muestra de admiración y cariño por tan valiente mujer.

 Una de las páginas más hermosas de las relaciones de Martí con hijos de Sancti Spiritus la encontramos en su vinculación con el primogénito de Máximo Gómez el joven Francisco Gómez Toro (Panchito) (La Reforma. Sancti Spiritus, marzo 11 de 1876 – Punta Brava, diciembre 7 de 1896).

El conocimiento  de Martí  por Panchito se debe, en mucho, a lo que contaba, en sus epístolas a Gómez, el también espirituano Serafín Sánchez. Por ello, cuando el 9 de septiembre de 1892, Panchito recibe, en la Casa Comercial de Juan Isidro Meneses, en Montecristi, al Delegado del PRC, que viene a entrevistarse con su padre, una gran emoción lo embarga.

Los días que pasa Martí en la finca de Montecristi constituyen    el primer peldaño de aquella relación, que se ampliará mucho más cuando, entre abril y julio de 1894, Panchito acompañe a Martí en un periplo por las emigraciones de los Estados Unidos y la cuenca del Caribe.

De Panchito a Martí se conocen tres cartas, fechadas en Montecristi, los días 18 y 20 de febrero y el 15 de junio de 1895.[10] Una de sus fotos más conocidas lo muestra, de pie, entre sus maestros Fermín Valdés Domínguez y José Martí (ver anexo ).

El 1. de abril de 1895, se despiden ambos patriotas por última vez  y el valiente joven, que no puede calmar su angustia por tener que quedarse en tierras dominicanas mientras Martí, su padre y su amigo César Salas marchan a la guerra en Cuba, tiene el gesto extraordinario de regalar al Apóstol el mejor de los presentes: el revólver y el machete que tiene preparados para venir a pelear en Cuba. Por ello, cuando Martí cae en combate, disparaba a los enemigos con el revólver de Panchito.

El pensamiento y la obra de Pancho, en sus dos últimos años,  muestra fehacientemente la influencia creciente de Martí en la evolución acelerada de su ideario[11].

 La vinculación de Martí con revolucionarios espirituanos exiliados se amplió cuando llegó a República Dominicana, en febrero de 1895, en vísperas ya de su incorporación    a la manigua redentora. En esas circunstancias, el Apóstol conoce al joven César Salas Zamora (Sancti Spiritus,  agosto 4 de 1868 – Bolondrón, Matanzas, marzo 3 de 1897), amigo íntimo de Panchito Gómez Toro, ansioso como él de poder participar en la Guerra Necesaria. Cuando Martí lo conoce el joven era ya un conspirador probado, valiente y responsable y gozaba de toda la confianza del general Máximo Gómez.

Llegada la hora de partir hacia Cuba, César es escogido, por Martí y Gómez, para formar parte del grupo selecto de  cuatro compañeros, de entera confianza, que los acompañará a Cuba. Los jóvenes amigos, César y Panchito, se despiden con pesar por la orden dada a Pancho de permanecer en Santo Domingo. Meses después, el General en Jefe enviaría al propio César a buscarlo y traerlo a Cuba, en una expedición.

Ya a punto de zarpar, Martí y Gómez dan otra prueba de su confianza en el joven Salas, al confiarle los fondos del PRC, que llevarían consigo para costear el viaje y comprar suministros en Cuba. Con esa responsabilidad adicional el espirituano hace la incierta travesía y aborda el histórico bote en que desembarcan por Playitas de Cajobabo, el once de abril de 1895.

Todo parece indicar que fue César Salas Zamora el último espirituano en ver a José Martí con vida, pues lo acompañaba, como Teniente Alférez adscripto a la Escolta del General en Jefe, cuando ocurrió el desastre de Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895. 

La presencia activa de los espirituanos en las gestas independentistas los ligaba estrechamente con la actividad del Apóstol José Martí.

Durante las labores preparatorias de la  Guerra Chiquita,  Martí, recién llegado a New York tras escapar de su segundo  destierro a España,  entra en contacto con el joven espirituano Alejandro Rodríguez Velazco (Sancti Spiritus, 19-11-1852 – La Habana 27-2-1915), veterano del 68 y desterrado, quien terminaría la Guerra de Independencia con los grados de general de división y sería el primer alcalde electo por votación popular en La Habana republicana. En 1880, Alejandro colaboraba con el Mayor General Calixto García en los preparativos de la Guerra Chiquita y, en esas gestiones, conoce a Martí, quien, recién llegado de España es nombrado, primero  Vocal, y luego Vice – Presidente del Comité Revolucionario Cubano, teniendo en cuenta sus méritos como conspirador y desterrado político. 

Fracasada la nueva gesta, ambos jóvenes – casi contemporáneos – se radicaron en la ciudad de Nueva York, donde compartieron amistades comunes, como Néstor Ponce de León, la afición por los libros y el amor por sus esposas camagüeyanas: Carmen Zayas Bazán, de Martí y Eva Adán, de Rodríguez.

Años después, en agosto de 1893 y octubre de 1894, Alejandro Rodríguez, quien se había establecido en Camagüey desde 1885, marcha al reencuentro con Martí, como enviado de los revolucionarios camagüeyanos. En carta de Martí a Gómez, califica a Alejandro de “antiguo conocido mío”[12].  De Alejandro, se conoce una extensa carta a José Martí, fechada en Camagüey, en mayo de 1893.[13]    

En la etapa republicana, el general Rodríguez mantendría amistosas relaciones con Carmen Zayas – Bazán, viuda de Martí, y su hijo, el también general, José Martí y Zayas – Bazán.

Otro espirituano ligado directamente a Martí es el héroe de El Jíbaro, el prócer Néstor Leonelo Carbonell Figueroa (Sancti Spiritus, 22 de mayo de 1846 – La Habana, 8 de noviembre de 1923), iniciador de la Guerra de los Diez Años en el territorio del actual municipio  La Sierpe.

Néstor Leonelo era una figura distinguida de la Revolución en La Florida. En 1889 fundó el  club “Ignacio Agramonte”, en Ibor City, Tampa  y era  uno de los dirigentes de La Convención Cubana, el más poderoso de los clubes cubanos en el exilio. A él correspondió invitar a Martí a visitar Tampa, en octubre de 1891, y a él remitió Martí tres importantes comunicaciones relacionadas con su viaje[14]. El 26 de noviembre, en el Liceo Cubano, de Ibor City, Néstor Leonelo presentó a Martí ante la aguerrida comunidad de emigrados de esa localidad, donde el Apóstol pronunció su trascendental  discurso “Con todos y para el bien de todos”. Al siguiente día, lo acompañó a la velada   conmemorativa por el 20 aniversario del fusilamiento de los estudiantes de medicina, efectuada en el Liceo Cubano, donde pronunció el no menos afamado “Los Pinos Nuevos”.

A partir de esa  primera estancia de Martí en Tampa,  Néstor Leonelo lo secundó en su proyecto revolucionario y fue uno de sus colaboradores en los preparativos de la Guerra Necesaria, llegando a publicar artículos en el periódico “Patria”. Por su prestigio revolucionario fue electo, el 8 de abril de 1891, como Presidente del Cuerpo de Consejo del PRC en Tampa.

En su primer viaje a Tampa, El Delegado conoció al joven Eligio Carbonell y Malta (Sancti Spiritus, 9 de septiembre de 1867 – La Habana, 5 de agosto de 1899), primogénito de Néstor Leonelo y miembro activo del Club “Ignacio Agramonte”. Eligio atendió a Martí durante su primera visita a La Florida, en noviembre de 1891, y aparece junto a él en una de las fotografías que se le hicieran en aquella solemne ocasión. Como prueba de su afecto imperecedero, El Maestro le envió como recuerdo, desde New York,  una foto suya con la siguiente dedicatoria:

“A Eligio Carbonell-

 que pasa por el mundo con alma de hermano, y tiene uno en un hombre que solo ama la virtud, su

                          José Martí.

Tampa, 7 julio, 1892”[15]

 Durante su peregrinaje de 1894, por las emigraciones revolucionarias de la cuenca del Caribe, Martí compartió con el viejo conspirador espirituano  Dr Manuel Coroalles Pina (1836 – 1906), establecido desde años atrás en Panamá, donde fue nombrado Agente Especial de la Revolución. El Dr Coroalles ayudó a muchos cubanos que llegaron a aquel país, como los hermanos Maceo, Máximo Gómez, Flor Crombet y otros y colaboró con las fracasadas expediciones de Ramón Leocadio Bonachea y Limbano Sánchez.

Al llegar Martí al itsmo es atendido por Coroalles, quien comparte con él su mesa  y lo presenta a la comunidad de emigrados, llegando a impresionarlo favorablemente. Al tener que partir, pocos días después, Martí envía dos hermosas misivas a Coroalles[16], donde lo califica de “sensato y patriota” y lo exhorta a que “me ponga todo su inmediato empeño en la labor que le he echado encima y en cuya realización no llegará un minuto más tarde de lo preciso”, y le añade esta cariñosa despedida: “déjeme decirle, sin embargo, aunque le parezca halago, que me salí de Panamá apenado por tener que ver a hombre como Usted tan de prisa y que tiene a orgullo haber merecido su compañía y estimación, su amigo José Martí”.[17]

 2.- RELACIONES INDIRECTAS

Entre los conspiradores espirituanos del período de Reposo Turbulento sobresale el incansable Luis Lagomasino Alvarez, quién llegó a interferir, con sus iniciativas desorganizadas, en los planes de largo alcance del PRC. Por ello, Martí se refiere a él en repetidas ocasiones,  fundamentalmente en las  orientaciones a su comisionado en la Isla, Gerardo Castellanos, y en cartas al General en Jefe. A Castellanos le indica:

“A Lagomasino, explíquele bien el plan del Partido, para que con la esperanza de cosa mayor, refrene su impaciencia noble.”[18]

Por su parte, Lagomasino admiró a Martí y comprendió su valor como apóstol independentista, aunque no dejó de intentar hacer  la revolución a su desajustada manera. Al respecto, el investigador Ibrahím Hidalgo afirma:

Lagomasino consideró, durante toda su vida, que Martí le había arrebatado la dirección de un gran movimiento insurreccional.”[19]

 Muy distintas son las referencias de Martí sobre  el iniciador de la Guerra Grande y luego renegado del camino de la Revolución, el espirituano Marcos García Castro. Convertido en cacique del Partido Autonomista en Sancti Spiritus, donde alcanzó la Alcaldía, llegando incluso a Gobernador de la provincia de Las Villas, este sagaz político era un hombre muy influyente para escapar al análisis profundo de la realidad cubana que hacía, desde los Estados Unidos, el Delegado del PRC. Así, en sus indicaciones a Castellanos, Martí le orienta averiguar qué piensa Marcos y cuál será su actitud ante un alzamiento.

Marcos García siempre desestimó la importancia de Martí para alcanzar los altos fines de la nación cubana y lo consideró un ideólogo de la subversión, muy alejado de sus concepciones evolucionistas y reformistas, propias de la burguesía moderada.

 3.- RELACIONES PRESUMIBLES

Entre los veteranos y periodistas de la región del Yayabo, en el primer cuarto del siglo, era reconocida la estrecha vinculación de la patriota, poetisa y dirigente feminista espirituana Lucrecia González Consuegra (Sancti Spiritus – Sancti Spiritus, 10 de abril de 1929) con importantes líderes de la gesta independentista, entre éllos José Martí. Mas, las pruebas epistolares de esa relación parecen haber sido destruidas por la propia Lucrecia, ya anciana, al enterrar su papelería en el jardín, llevando así a la destrucción importantes documentos de sus años mozos.

 En los primeros treinta años del siglo XX el Capitán del Ejército Libertador Pedro Larrea, de origen santiaguero,  pero aplatanado en Sancti Spiritus, se convirtió en el Padre del Movimiento Obrero regional, fundamentalmente por su dirección del combativo Gremio de Escogedores. Este líder, quien había escuchado a Martí en Cayo Hueso, entre  1891 y 1894, fue uno de los trasmisores más fieles de la prédica martiana a los hijos de este pueblo y defendió, con su pensamiento y  obra ejemplares, los más puros ideales que Martí había sembrado en él con sus encendidas arengas floridanas.

 A MODO DE CONCLUSIONES

 Los resultados preliminares de esta investigación permiten afirmar que:

 ·        En los arduos trajines revolucionarios, nuestro Apóstol José Martí coincidió, en repetidas ocasiones, con hijos de la región del Yayabo, quienes lo acompañaron en muchas de sus empresas y llegaron a militar entre sus discípulos más fieles. Entre éllos se han determinado  9  que se relacionaron directamente con el Maestro.

·        El modo en que los espirituanos aprehendieron el legado martiano estuvo estrechamente relacionado con sus actitudes políticas y de clase, desde posiciones populares y auténticamente revolucionarias, de admiración y respeto, hasta  posturas de desconfianza y rechazo, por parte de representantes de los sectores inmaduros políticamente, o  cegados por su prepotencia  clasista.

 BIBLIOGRAFÍA

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__________

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[1] Ibrahím Hidalgo Paz :  “Cronología. 1853 - 1895” Edit. de Ciencias Sociales. La Habana. 1995. Pág. 145

[2] CEM – INGC: “Atlas histórico – biográfico de José Martí”. Edit. Letras Cubanas. La Habana. 1986. Pág. 97.

[3] Pino, Ricardo: “Enlace entre Serafín Sánchez, José Martí y Máximo Gómez”, en  Rev. “SIGA LA MARCHA” # 8. Edic. Jarao. Sancti Spiritus. 1996.

[4] Ver, en Luis García Pascual: “Destinatario José Martí”. Edit. Abril. La Habana 1999, las cartas remitidas desde Cayo Hueso. Los días 18 de junio de 1892, 28 de agosto y 18 de noviembre de 1893 y 18 de marzo de 1894

[5] Martí, José: OC. TII. Pág. 151.

[6] Ver, al respecto, de Rolando Fernández Henríquez, “La gran expedición del 95”. Ediciones Jarao. Sancti Spiritus. 1995. 

[7] Rev. “Siga la Marcha”# 2. Sección “Documentos”. Sancti Spiritus 1994.

[8] Sánchez Valdivia, Raimundo: Apuntes históricos. Antecedentes y Revolución desde la expedición Roloff – Sánchez. Inédito. Archivo del Museo Casa Natal Serafín Sánchez Valdivia. Sancti Spiritus.

[9] Nueva York, 29 de agosto de 1893, en “José Martí. Cartas a Máximo Gómez”. Editora Política. La Habana. 1986. Pág. 47.

[10] Ver, de Luis García Pascual, ob. cit., págs 329, 330 y 360.

 [11] Ver, de Mario Valdés Navia: “Panchito frente a mí”. Ediciones Jarao. Sancti Spiritus. 1998.

[12] New York, 20 de octubre de 1894. En “José Martí. El General Gómez”. Ed. Cit. Pág.  También se refiere a sus entrevistas con Alejandro en las cartas a Gómez del 29 de agosto de 1893 y el 3 de noviembre de 1894.  

[13] Luis García pascual, ob. cit., pág. 272 – 276.

[14] Son las cartas, fechadas en New York, correspondientes a: octubre 1891 (s/d), nov. 1891 (s/d) y 18-11-1891.

[15] De Quesada, Gonzalo: “Iconografía Martiana”, de. Cit., pág. 46

[16] Martí, José: 5-6-1894 y 23-6-1894. “Obras Completas”. OC. T3. Págs 207 y 214

[17] Sobre el Dr Manuel Coroalles, ver , del Dr Santiago García Cañizares, “Discuso en el Acto de develar tarja en su casa natal. 1-6-1931”, en Rev. “Hero”# 11 (Nov. 1931). APH. Sancti Spiritus

[18] Carta a Gerardo Castellanos. 4-8-1892. En OC, tomo 2, pág. 85

[19] Hidalgo Paz, Ibrahim: “El PRC en la Isla”. Edit. de Ciencias Sociales. 1992. Pág. 34, nota 29.

 

 

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