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Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

Villa del Espíritu Santo, Monumento Nacional. Fundada en el centro de Cuba en 1514.

 

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Ismaelillo y la modernidad de Martí

Una modesta edición de autor, cuidado el formato, escogidas las viñetas, la tipografía por el propio poeta, en la ciudad de Nueva York, hace ya 120 años, fue el nacimiento del Ismaelillo, impreso por Thompson y Moreau, cuyos ejemplares conservaba, en su estante, y en su modesta vivienda el propio lírico, el cubano José Martí quien envió a su madre, a sus amigos de Cuba, de México y Venezuela aquel volumen de versos, publicado en 1882 pero escrito en 1881.

"Yo no vendo ese libro: es cosa del alma. Pero me da gozo pensar que puedo hacer con el un pequeño beneficio. Ni lo hago por fama, pero pensando en mi hijo, se me llena el alma de jazmines; y se es un haz de ellos." Esas palabras las escribió el 23 de mayo, cuando envió su cuaderno a su amigo caraqueño, Agustín Aveledo, entonces director de un orfanato.

La ternura, libre de afeites y de retórica, fue uno de los elementos distintivos de esa potica, la suya que emergía entonces en el primero de sus libros orgánicos, con el que abría el espacio para la renovación de la lírica iberoamericana, que luego conoceremos como la eclosión del Modernismo.

Pedro Henríquez Ureña diría que con el Ismaelillo, José Martí había dado un nuevo timbre, una sensibilidad y fineza desconocidas en la poesía hispanoamericana. Y el poeta Eugenio Florit afirmaría que era "uno de los hitos de la poesía castellana y el primero tal vez de los libros de la poca moderna en nuestra América."

Aquellos versos de adjetivación libre, de intenso ritmo, de palabras simbólicas (vase luz, alas, oro), donde se entrecruzaban arcaísmos y neologismos, y se manejaba el diminutivo desde su carga semántica afectiva (jinetuelo, musilla, caballeruelo) fueron para el español don Federico de Onis, "la transición del romanticismo al

modernismo" en la potica de nuestra lengua.

Quince composiciones, ocho concebidas en molde de seguidillas, de heptasílabos y pentasílabos, cuatro en forma de romancillos heptasílabos y tres como romancillos hexasílabos sirvieron a José Martí para decir sus cuitas de hombre, la ausencia del hijo, el canto de la nostalgia y la expresión mas límpida del amor paternofilial, con una sencillez que cautivaba a Gabriela Mistral.

Unos amigos "me sacaron el Ismaelillo de las manos, y lo pusieron en prensa", diria a su amigo, el mexicano Manuel Mercado al enviarle el cuaderno. Entonces se reprochaba a si mismo, deseoso de ser poeta en actos mas que en versos.

Sin embargo, la hondura humana de aquel conjunto lírico que fue creciendo dentro de Martí, como se demuestra en sus cuadernos de apuntes de 1880 a 1881, hasta perfilarse el verso donde desde la nominación del conjunto de poemas y el nombre que da a su propio hijo, la musa traviesa de aquellos versos, su José Francisco, entonces lejos de el, ya con dos años, en medio de la crisis del hogar y de los desacuerdos conyugales con su esposa, Carmen Zayas Bazan, desde esa clula hay un fuerte simbolismo.

Se llamara Ismael, como el hijo de Abraham con la esclava Agar, el fundador del pueblo árabe en el pasaje de la Biblia, encargado en ese cuaderno por el amor paterno, el de Martí, también un fundador una nación para su pueblo, su patria.

Llegaba Martí a Venezuela, con 28 años, de la derrota de la segunda guerra de independencia, la llamada Guerra Chiquita que le había costado su segunda encarcelación en Cuba y su destierro a España, así como el exilio en los Estados Unidos, y de la crisis de identidad en su hogar, por desacuerdos de principios entre su esposa y el. Intentaría, en Caracas, recuperar el espacio íntimo. Pero no lograría el equilibrio económico necesario, a pesar de su ejercicio como docente y como periodista. Y tendría que abandonar Venezuela ante la imperiosa tiranía de Guzmán Blanco y en defensa de su eticidad.

Pero allí, entre los cerros caraqueños, había nacido su Ismaelillo: "mi objeto es desembarazar del lenguaje inútil la poesía: de hacerla duradera, haciéndola sincera, haciéndola vigorosa, haciéndola sobria; no dejando mas hojas que las necesarias para hacer brillar la flor. No emplear palabra en los versos que no tenga en si propia, real e inexcusable importancia. Denunciar el vulgar culto a la rima, y hacer de esta esclava del pensamiento, vía suya, órgano suyo, traje suyo."

La atmósfera espiritual que se expresa en el libro de poemas, la soledad y la nostalgia que lo nutren también manifiesta una potica obra, la de la modernidad en nuestra literatura hispanoamericana.

 

 

 

Hasta la Victoria Siempre

 

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® El Nuevo Fénix. Fundado el 23 de diciembre de 1999. ISSN 1607-3428

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