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Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

Villa del Espíritu Santo, Monumento Nacional. Fundada en el centro de Cuba en 1514.

 

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La batalla de la paz en José Martí

Maria Caridad Pacheco*

José Martí, quien fue un incansable luchador por la independencia nacional de Cuba y la de Puerto Rico, y justificaba plenamente el derecho de los pueblos de conquistar, a través de la lucha armada, su libertad y progreso, fue también, al mismo tiempo, un extraordinario luchador por la paz y el fraternal entendimiento entre los naciones.

   Es más, concebía la vida pacífica del pueblo cubano, después de alcanzada la independencia, sólo como resultado de la guerra necesaria e inevitable que emprendió en 1895.

   "Para la paz queremos la guerra", dijo. La guerra nacional- liberadora del pueblo cubano era una necesidad histórica- según Martí- por las siguientes causas:

    Primero: El régimen político y económico de dominación colonial español mantiene a la Isla bajo una brutal explotación y opresión que cierra todo tipo de posibilidad de desarrollo progresivo y de realización de la propia nación cubana, forjada en el fragor de una guerra que duró diez años en contra de ese mismo régimen opresivo y caduco.

   Era una necesidad de transformación radical de la sociedad colonial cubana en virtud de la agudización de todas sus contradicciones.

     Segundo: La necesidad de lograr la independencia y evitar con esto que se produjera la anexión de Cuba a los Estados Unidos.

     Tercero: Contribuir de modo efectivo a lograr un equilibrio de fuerzas en América y el mundo que impidiera a Estados Unidos extenderse por el subcontinente con toda la fuerza que le posibilitaba su política imperialista en el hemisferio.

     Dada la inevitabilidad histórica de la guerra y el significado de su urgencia, la misma se convirtió en el medio idóneo para conquistar la independencia, condición indispensable para construir una República en revolución, basada en nuevos principios.

     De este modo, entendió que para alcanzar la paz no era solamente necesario desearla, sino que era menester luchar por ella y organizó el Partido Revolucionario Cubano entre otros fines para "ordenar, de acuerdo con cuantos elementos vivos y honrados se le unan, una guerra  generosa y breve, encaminada a asegurar en la paz y el trabajo la
felicidad de los habitantes de la Isla." (2)

      Mientras preparaba la "guerra necesaria", Martí irá afianzando la idea de "paz equitativa" que nacería con imperfecciones de una república en revolución, pero habría de perfeccionarse con la acción de todos los elementos de la sociedad cubana. A partir de estos presupuestos entendió que para alcanzar la paz era menester luchar por ella y halló entre los proletarios emigrados las bases más firmes  de su guerra por la paz futura, fundamentada en la justicia social, la unidad y la solidaridad con los pueblos de Nuestra América.

     Si por una parte odió las guerras injustas, calificándolas como "guerras de avaros"(3) y  "criminales"(4), por otra, justificó el procedimiento armado para suprimir el colonialismo y la dependencia, a la vez que señaló la importancia de "impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América."(5)

     Martí comprendió que la Revolución Cubana no era solamente un valladar contra las ambiciones expansionistas del imperialismo yanqui sobre Cuba y el resto de América Latina, sino también un obstáculo para detener dicha expansión por el mundo. Por ello afirmó que la independencia de Cuba contribuiría a fijar el "equilibrio del mundo".

 "Es un mundo lo que estamos equilibrando- escribió -: no son sólo dos  islas las que vamos a libertar" (6), y subrayó: "Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la Humanidad moderna. Quien se levante hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos." (7)

     Al ser Martí un analista previsor, anticipador de su tiempo, pudo vislumbrar que el progreso y el futuro pacífico de Cuba debía nacer de su completa y definitiva independencia política y económica y de un gobierno que, sin ataduras a intereses foráneos, fuera capaz de llevar a cabo su ideal republicano. Martí afirmó en una de sus valiosas síntesis: "Cuba no puede satisfacerse ni vivir en paz hasta que su gobierno sea en realidad de los cubanos: [...]" (8)  

    La República que soñó "con todos y para el bien de todos" sería el medio de establecer una sociedad en cuyas "consideraciones y derechos" se asegurara "la paz y la felicidad de los hombres."(9), porque para Martí la condición única de paz, era aquella que traería justicia entre los hombres sin que hubiera "un solo derecho mermado"(10).

     Martí sintió gran admiración y respeto por aquellos hombres que aportaron esfuerzos para defender la paz universal. Así tuvo palabras halagadoras hacia el famoso pintor Vereshagin, "el ruso que hace odiar la guerra por lo real de sus pinturas, [...]" (11) y exaltó la actividad antibelicista de Cecilio Acosta- jurisconsulto, escritor y poeta romántico venezolano -, del cual dijo que: "con todos suspira por el sosiego y paz del universo[...] Dondequiera que se pida la paz está él pidiendo. El pone mente y pluma al servicio de esta alta labor [...]" (12)

     Entre las ideas de Martí acerca de la paz tiene especial significación su concepción sobre el papel de las relaciones económicas en la convivencia pacífica entre las naciones. "Ni han de negarse los pueblos- dijo -, por reparos pueriles a tratar unidos cuantos asuntos tiendan a fomentar por el cambio amistoso de ideas, y el creciente conocimiento y respeto mutuos, los intereses legítimos, cuyo comercio natural asegura, en vez de comprometer la paz de las naciones."(13) En el mundo en que vivimos hoy se hacen más necesarias  que nunca las relaciones económicas y la cooperación científico-
técnica entre todos los países; es necesario emplear los recursos que  anualmente se gastan en armamentos, en condonar la deuda de los países subdesarrollados y enfrentar el costo del Nuevo Orden Económico Internacional. Martí advirtió: "[...] ¿ Para qué, sino para poner paz entre los hombres han de ser los adelantos de la ciencia? "(14).

     Luchar por la paz significa además- y esto también nos lo enseñó Martí- prepararnos para defenderla. Su ideario republicano previó el enfrentamiento ineludible con las fuerzas que niegan el derecho de los pueblos a conquistar una vida útil y pacífica, y señaló: "el único modo de vencer al imperialismo en los pueblos mayores, y el militarismo en los menores, es ser todos soldados"(15), y sentenció: "La paz tiene sus deberes, como la guerra, y todo estado social, ya en paz, ya en guerra, es un combate. Es un soldado todo ciudadano, y el que no sepa combatir no es ciudadano" (16).

    En las presentes circunstancias, cuando nos quieren imponer una globalización neoliberal que amenaza con absorber nuestras culturas, y se gestan actos deliberados y continuos de genocidio como los realizados recientemente contra los pueblos yugoeslavo, afgano y palestino, tiene real sentido rescatar lo más auténtico de nuestras tradiciones culturales, entre las cuales, la cultura de paz ha estado de forma permanente en el pensamiento de nuestras más insignes figuras revolucionarias. El legado de nuestro gran hombre nos insta a luchar por un mundo justo, fraterno y humano, un mundo en el cual la divisa de José Martí, sea no solo una promesa del presente sino una esperanza cierta para toda la humanidad en el nuevo milenio : "El porvenir es de la paz"(17).

CITAS

(1) José Martí. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Tomo 5, p. 388.

(2) El Partido Revolucionario Cubano y la guerra. Editorial de ciencias Sociales, La Habana, 1978, p.3.

(3) José Martí. Ob Cit, Tomo 7, p. 325.

(4) Ob Cit, Tomo 1, p. 315.

(5) Ob Cit, Tomo 4, p. 167.

(6) Ob Cit, Tomo 3, p. 142.

(7) Ob Cit, Tomo 3, p. 143.

(8) Ob Cit, Tomo 3, p. 77.

(9) Ob Cit, Tomo1, p. 254.

(10) Ob Cit, Tomo 2, p. 297 y Tomo 3, p. 304.

(11) Ob Cit, Tomo 12, p. 62.

(12) Ob Cit, Tomo 8, p. 159.

(13) Ob Cit, Tomo 6, p. 154.

(14) Ob Cit, Tomo 11, p. 292.

(15) Ob Cit, Tomo 12, p. 306

(16) Ob Cit, Tomo 28, p. 332

(17) Ob Cit, Tomo 6, p. 153 
      

*La autora es investigadora del Centro de Estudios Martianos y colaboradora de Prensa Latina.

 

 

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