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Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

Villa del Espíritu Santo, Monumento Nacional. Fundada en el centro de Cuba en 1514.

 

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  Los últimos 39 días en la vida de Martí

Leonardo Depestre Catony         

De los 42 años de su existencia física, para José Martí transcurren en Cuba solo poco mas de 17. Nacido en 1853, ya en 1857 va con sus padres a España y no regresa hasta junio de 1859. El 15 de enero de 1871 -ahora deportado- sale de su patria por segunda vez. Recorre la Península, se llega a Francia, cruza el océano y vuelve al Nuevo  Continente.

   Pero a Cuba no puede regresar hasta el 6 de enero de 1877, -o sea, 6 años después-  cuando lo hace como Julián Pérez (bajo su segundo nombre y su segundo apellido), en  breve estancia, pues permanece solo hasta el 24 de febrero, que  parte hacia México.

   Hasta el 2 de septiembre de 1878 -año y medio más tarde- no estará de nuevo en Cuba, de donde saldrá deportado por segunda vez el 25 de septiembre del año de 1879.

   Poco más de quince años, con sus días contados uno a uno, vive Martí en el exilio  revolucionario que le lleva por Norteamérica, Centroamérica, Venezuela y el Caribe.

   Por última vez en Cuba está a partir de la noche del 11 de abril de 1895. Trae consigo la  revolución, viene a luchar y a morir. Si ha tomado nota de estos apuntes, comprobará que José Martí vive fuera de Cuba casi 25 años. Sin embargo, cada segundo de esas dos décadas y medias que transcurren en el exterior es de servicio a una patria que lleva en el corazón.

   Desembarca por Playitas de Cajobabo, junto al Generalísimo Máximo Gómez, los  cubanos Francisco Paquito Borrero, Angel Guerra, César Salas y el dominicano Marcos del Rosario. "Ladeando un sitio -escribe en su Diario-, llegamos a una casa. Dormimos cerca, por el suelo." Abundan las dificultades, pero estar en Cuba los reconforta".

 Solo el 14 se reúne con ellos una guerrilla insurrecta al mando de Félix Ruenes, y el 15  tiene lugar un hecho trascendental:    "Al caer la tarde -escribe Martí como solo él sabe hacerlo-, en fila la gente, sale a la  cañada el General, con Paquito, Guerra y Ruenes.

   ¿Nos permite a los 3 solos? Me  resigno mohíno. ¿Será algún peligro? Sube Angel Guerra, llamándome, y al capitán  Cardoso. Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que aparte de reconocer en mí al Delegado, el  Ejército Libertador, por él su Jefe, electo en consejo de Jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos." 

Ya conoce Martí las jornadas de marcha, de vida en el campamento, de espera. Reciben la noticia confirmada de la muerte de Flor Crombet.

   El 25 es jornada de guerra, Martí cura a los heridos de un combate que sostiene el general José Maceo.

   Retoman la marcha y aprovecha para trabajar en el despacho de correspondencia;  también arenga, junto a Gómez, a la tropa reunida. Prosiguen las marchas. El 3 de mayo  firma junto a Gómez la carta-manifiesto dirigida al New York Herald  y al día siguiente presencia, profundamente conmovido, el consejo de guerra seguido contra un bandolero  condenado a muerte.

   Cada jornada depara nuevas experiencias al soldado libertador que es ya con todo derecho. El 5 es el encuentro con Gómez y Maceo cerca del ingenio La Mejorana. "Nos vamos a un cuarto a hablar", escribe Martí. Se discute fuerte.
Gómez reafirma su plan de invasión, de modo que la guerra se extienda desde el oriente por el resto de la Isla; Martí  sostiene su punto de vista acerca de la formación de una asamblea de delegados de los cubanos; en tanto Maceo propone que los asuntos pasen por el prisma de una especie de junta militar.

   Maceo lleva prisa y se separa. El 9 está Martí a orillas del Cauto: "De suave reverencia se hincha el pecho y cariño poderoso. Lo cruzamos...", recoge en sus anotaciones del  Diario. Prosigue el trabajo, redacta circulares, atraviesan potreros y esperan al general Bartolomé Masó, que opera en las cercanías.

   El 13 cruzan el r¡o Contramaestre y acampan en un lugar conocido por Dos Ríos. Hay  movimiento de fuerzas en los alrededores y Gómez parte a reconocer el terreno, lodoso  por la lluvia, mientras Martí despacha en el campamento. El 17 "Gómez sale, con los 40  caballos, a molestar el convoy de Bayamo", anota.

   Más adelante, con la misma fecha, deja un apunte de fragancia muy propia: "Asan  plátanos, y majan tasajo de vaca, con una piedra en el pilón, para los recienvenidos. Está muy turbia el agua crecida del Contramaestre. -y me trae Valentín un jarro hervido en dulce, con hojas de higo." Siente Martí el respeto y el cariño de la tropa, que lo ve como su presidente, aunque él se empeñe en aclarar que no lo es, que es solo el Delegado.

   Ha escrito mucho por estos días: a Antonio Maceo, a José Miró Argenter, a Bartolomé  Masó, a Rafael Portuondo Tamayo. El 18 de mayo, desde el campamento de Dos R¡os, lo hace a su amigo mexicano Manuel Mercado: "...Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es  para eso..."

   El 19 es domingo, ha llegado el general Bartolomé Masó con su caballería. Sobre el  mediod¡a se forman las fuerzas, arengadas por los tres jefes: Gómez, Masó y Martí. El  coronel Ximénez de Sandoval anda tras la huella del Generalísimo y el combate se torna inminente.

Gómez arremete contra las fuerzas españolas y ordena a Martí que se retire a  lugar seguro.

   Pero Martí, a quien acompaña el joven oficial Angel de la Guardia, carga contra el  enemigo y recibe tres impactos mortales. Su cadáver es identificado por los españoles y  conducido a Santiago. Es un día negro para las fuerzas cubanas.

   En su Diario de Campaña, Máximo Gómez apunta la "pérdida sensible del amigo, del  compañero y del patriota (...) Me retiré con el alma entristecida." Ha vivido Martí 39  días intensos. El sabe, lo ha dicho, que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido  bien la obra de la vida.

 

 

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® El Nuevo Fénix. Fundado el 23 de diciembre de 1999. ISSN 1607-3428

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