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Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

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Cuba: Ambrosio Echemendía, el poeta esclavo

Por Mayra Pardillo Gómez

Contados fueron los esclavos que tuvieron la oportunidad de demostrar destreza e inteligencia y mucho menos en la cultura. Uno de estos pocos casos resultó el de Ambrosio Echemendía.
Francisco Marín Villafuerte, en Historia de Trinidad (1944), lo menciona muy brevemente al decir que "se editó un libro de versos del poeta Ambrosio Echemendía, impreso que tiene su cubierta en esta forma: Murmullos del Táyaba. Poesías por Máximo Héroe de Neiba, Trinidad de Cuba, Oficina Tipográfica de Rafael Orizondo 1865".
Al indagar sobre este tema en el Archivo Histórico Provincial, encontramos un interesante material acerca de este hombre que fue comparado con Juan Francisco Manzano (La Habana, 1797-1854), considerado el más importante poeta esclavo.
Manzano, al nacer, recibió el apellido del esposo de la marquesa de Jústiz de Santa Ana, aunque era hijo de María del Pilar, una de las esclavas favoritas de la aristócrata, y de un mulato también esclavo de la casa, Toribio Castro, diestro en el arpa.
Todos los beneficios que tenía desde su nacimiento se vinieron abajo con la muerte de su dueña. Al pasar al servicio de una parienta de ésta, la marquesa de Prado Ameno, vio erradicados todos sus privilegios y fue tratado con crueldad.
"El esclavo es un hombre muerto", escribió en una de sus obras. Obtuvo su libertad en 1837 por 500 pesos, gracias a una colecta.
Conservado en uno de los Fondos del Archivo Histórico Provincial y escrito por Juan Francisco Hernández, el texto sobre Ambrosio Echemendía recrea una época en que la fuerza esclava ascendía a 10 mil 539 esclavos de ambos sexos en el término municipal de Trinidad.
La población total estaba compuesta, además, por ocho mil 915 libres de color y 17 mil 826 blancos.
El bardo nació en el seno de la acomodada familia integrada por el licenciado en Derecho Diego Manuel Echemendía y Pina, su esposa María Andrea Muñoz González y los 11 hijos del matrimonio.
Ella era hija del coronel José Fernando Muñoz y Herrera, uno de los descendientes del Muñoz que menciona el célebre geógrafo y naturalista alemán Alejandro de Humboldt (1769-1859), por haberlo hospedado en su residencia en Trinidad una noche de marzo de 1801.

NACE OTRO BARDO ESCLAVO
El miércoles 6 de diciembre de 1843 ve la luz un niño pardo esclavo, hijo de padre desconocido y de Calista Malibrán, esclava del auditor Diego Manuel Echemendía.
Trece días después es bautizado en la Iglesia Santísima Trinidad, recibiendo por nombre Ambrosio y por apellido el de su propietario, costumbre extendida en esa época.
El 3 de enero de 1851, cuando contaba con siete años, muere su primer amo y entonces él y su madre pasaron en herencia al hijo mayor, el licenciado Fernando Echemendía Muñoz.
Ambrosio y su progenitora fueron entonces a residir al hogar de éste, en calidad de esclavos domésticos.
El nuevo dueño era un joven intelectual de ideas liberales que aborrecía la esclavitud, sin ser un abolicionista comprometido.
En el ocaso de su vida, exiliado en Jamaica durante la guerra de 1868, Fernando escribió el artículo Esclavitud y Emancipación, en el cual calificaba esa triste página de la historia de la humanidad como "el mayor crimen que desde Adán se ha cometido al hombre".
El autor del texto consultado considera como un caso raro el de Ambrosio, ya que su dueño se preocupó por educarlo y con siete años lo envió a la escuela, contrario a lo ocurrido con Manzano.
Mientras éste tenía que esconderse para aprender, Ambrosio va al colegio y cuando ya le es imposible continuar, por su condición de negro y de esclavo, su amo le imparte clases de Literatura y de Historia, le ofrece su biblioteca y le orienta en las lecturas.

SUS VERSOS VEN LA LUZ
A los 17 años, Ambrosio escribe los primeros versos bajo el seudónimo de     Macsimo Hero de Neiba, según el autor del texto consultado en el Archivo Histórico Provincial, que difiere a la escritura citada por el historiador Francisco Marín Villafuerte.
En Trinidad, cuyo centro histórico fue declarado en 1988 por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad, desde 1801 se comenzaron a celebrar tertulias literarias y en ellas recita sus primeros versos, unas décimas, A Mercedes.
Otro poeta, José Antonio Cortés, director del periódico Correo, los publica en ese órgano de prensa.
Desde entonces Ambrosio es un asiduo participante en las tertulias donde se leen sus versos, se le aconseja e insta a que improvise, a lo cual siempre daba una negativa alegando: "lo que otros escriben en el aire, yo lo escribo en el papel".
El Correo de Trinidad continúa la difusión de sus versos y el propio amo, en viaje a La Habana, los lleva para su publicación en El Siglo.
Todo parece indicar que logró una cultura literaria bastante amplia, la cual le permitió mencionar a personajes de la Historia Antigua de Grecia y a destacados cubanos como Gertrudis Gómez de Avellaneda.
De acuerdo con la investigación realizada, empleó la décima, la octava real, cuartetas y sobre todo el soneto.
Obtuvo su libertad en 1869, poco antes de que su amo marchara al extranjero ante la persecución por parte del gobierno español.
Entre los versos escritos por el poeta esclavo figuran A la memoria del sabio cubano D. José de la Luz y Caballero, A mi señor (en su partida) y A un incrédulo de mis versos (improvisado).
En estos últimos califica su situación social de "pobreza, esclavitud, color maldito", a pesar de que él, similar a Manzano, tuvieron mejor suerte si se compara con otros miles de esclavos y sus descendientes.

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