lunes, 05 febrero 2007

 

  Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

 

Avanzada

 

El romanticismo de un Museo cubano

Mayra Pardillo Gómez

Conocido como Palacio del Conde Brunet, el Museo Romántico de Trinidad, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Foto: Mayra Pardillo Ubicado en la antigua mansión de Nicolás Brunet y Muñoz, conocida como Palacio del Conde Brunet, el Museo Romántico de esta ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, es una de las instituciones más visitadas de esta villa fundada en 1514.

   Situada en la Plaza Mayor y construida en los albores del siglo XVIII (1740), la casona conserva en la arquitectura de la planta baja características del estilo mudéjar y en la superior, erigida en 1807, las líneas arquitectónicas corresponden al neoclásico.  

   Inaugurado el 26 de mayo de 1974, fue la primera institución de su tipo creada en la localidad, después del Triunfo de la Revolución Cubana, acontecido el Primero de enero de 1959.

   Los pequeños guías de museo, nombre que recibe el proyecto patrimonial de la Escuela Primaria José Mendoza García de Trinidad, centro escolar Asociado a la UNESCO, nos introdujeron uno de estos días en el fantástico mundo de la conservación.

   El inmueble muestra, a través de 14 salas, el ambiente de la casa colonial trinitaria y patentiza cómo los residentes derrochaban sus fortunas en la adquisición de piezas de arte importadas de Europa y muebles que en su mayoría eran elaborados en la Isla.

   En opinión de los historiadores los grandes hacendados rivalizaban con la estructura que le imprimían a sus mansiones y  dedicaban grandes cantidades de dinero a levantar edificaciones en las que se destacaban el patio, las paredes o los pisos.

   Según el libro Trinidad y el Turismo (1954) el Palacio del Conde  Brunet se distinguió por el patio andaluz, el cual en esa época era considerado como el más bello del país caribeño.

   A este rico personaje se le adjudica la construcción del famoso teatro que llevara su nombre y en el cual dice el citado libro se sentaban las damas y los caballeros en sillas o butacas trasladadas por esclavos, como un detalle más de lujo y exquisitez. 

   Sobre este Conde hay una leyenda que asegura conoció a una artista de paso por Santiago de Cuba, en el extremo oriental de esta nación, y se enamoró perdidamente de ella tanto que le prometió un teatro para sus presentaciones si le aseguraba volver.

   Asimismo se le acredita el primer ferrocarril del puerto de Casilda a Trinidad, para llegar a los centrales azucareros del famoso Valle de San Luis o de los Ingenios que eran de su propiedad.

   En la ciudad, de calles adoquinadas, techos de tejas rojas y amplios ventanales también se construyeron otros muchos palacetes, en algunos de los cuales estuvieron de visita figuras famosas como el sabio naturalista alemán Alejandro de Humboldt (1769-1859).

   A este Barón, quien publicó Ensayo político de la Isla de Cuba y fue catalogado como el segundo descubridor de esta nación, se le atribuye haber llegado a la villa el 14 de marzo de 1804.

   De acuerdo con el libro Trinidad y el Turismo Humboldt fue hospedado en la residencia del acaudalado Don Antonio Muñoz, administrador de la Real Hacienda, en la calle Cristo número 7.

   También recorrería en 1836 las calles de la vetusta localidad el poeta cubano Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), quien luego regresaría en 1843, fecha en que estableció un modesto taller en una casa ubicada en la calle Chinchiquirá entre Colón y Rosario.

   Pero la más curiosa de las historias o leyendas relacionadas con las ilustres viviendas de esta ciudad con casi 500 años es la de Bécquer, quien deseando superar a todos los propietarios mencionados, intentó ponerle a su casa pisos de onzas de oro.

   Al ser informado el gobierno de España la respuesta fue contundente: “se le permitiría esa ostentación siempre y cuando colocara las onzas de canto, para evitar que se le pisara la cara al Rey”.

Imaginarán el resto y el final de tanto orgullo...

   Las historias de la mayoría de los inmuebles fueron adornadas por los escritores y las anécdotas de la propia población, dueña de los trazos maravillosos de la imaginación.

   Aunque acerca de la Casa Brunet no encontramos ninguna leyenda, sí aparece lo relacionado con su dueño y el enamoramiento de éste por una bellísima artista.

   Atrás dejamos este palacete, pintado de amarillo, con sus cinco monumentales arcadas al frente y un interior rico en historia.

   Bien conocen los pequeños guías de museo cómo conservar, amar y respetar el pasado, porque como decía el Héroe Nacional cubano José Martí “El Arte de lo divino y bello tiene siempre alas muy inquietas como los niños”.

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