lunes, 05 febrero 2007

 

  Publicación de la Corresponsalía de Prensa Latina en Sancti Spíritus, Cuba

 

Avanzada

 

Centinela de amores y antiguo poderío

Mayra Pardillo Gómez

Torre Manaca Iznaga, única de  su tipo en el país.Un poco antes de llegar a Trinidad, fundada en  1514 en esta provincia al centro de la Isla y una de las ciudades  mejor conservadas del Caribe y Latinoamérica, la Torre Manaca Iznaga, única de  su tipo en el país, se burla del inexorable tiempo.

   Esta espléndida joya arquitectónica en forma de atalaya –a veces
 comparada con la célebre Torre de Pisa-, fue mandada a construir por Don  Alejo María del Carmen Iznaga y Borrel hacia los años finales de la década del 20 o principios del 30, en el siglo XIX.

   Nacido en 1807 y casado con Doña Juana Hernández en julio de 1826 se  piensa que la torre de ladrillos, de 45 metros de altura, siete pisos con  ventanas laterales en cada una de ellas y 184 escalones, fue edificada por  la fecha del matrimonio del rico hacendado.

   Otras fuentes como el libro Monumentos Nacionales y Locales de Sancti  Spíritus, señalan que tiene 43,5 metros de altura.

   También la autora del texto titulado Torre Manaca Iznaga, Silvia
 Teresita Angelbello Izquierdo, apunta que “Cumplía así el doble papel de  atalaya y campanario, al cual, años después, se añadiría el de marcar las horas con un reloj mecánico en el último piso”.

   Agrega que por documentos de Don Alejo se conoce que había un vigía y  guardián de la torre, quien en el último piso tenía su habitación.

   Esta obra de arte se transformaría en símbolo arquitectónico y cultural  de una región, enclavada en el Valle de San Luis o de los Ingenios, declarado por la UNESCO, en 1988, junto al centro histórico de Trinidad,  Patrimonio Cultural de la Humanidad.

   En ese valle funcionaron 48 ingenios, pero la crisis económica de mitad  del siglo XIX (1857 a 1866), unido a otros factores sociales, afectaron gravemente a la industria azucarera trinitaria.

   El libro Trinidad y el Turismo (Editorial Gente, 1954) plantea que fue levantada para observar probables incendios en los cañaverales, dando  aviso con los toques de campana y para llamar a los esclavos al concluir  sus extenuantes faenas agrícolas.

   Para otros, se alzó por el afán ostentoso de perpetuar en grandiosas y únicas construcciones el poderío económico de sus dueños.

   Mas las causas de su origen son varias, adornadas por hermosas leyendas, como la que plantea que Alejo, siendo muy celoso encerró a su bella esposa en lo alto de la torre, batiéndose con un rival al pie de la misma, y dando muerte en el duelo al infeliz enamorado.

   La leyenda de la rivalidad entre los dos hermanos Iznaga cuenta que Don Pedro hizo un pozo hondo y Alejo la altiva torre, ya que se disputaban el  amor de una joven y decidieron hacer, cada uno, una obra cuya longitud en  metros definiría quién sería el escogido.

   Otras interpretaciones le atribuyen un fin utilitario ya que desde lo alto se podían avistar los barcos piratas por la costa sur y vigilar las  extensas plantaciones para evitar los incendios, las fugas de los negros  esclavos o las sublevaciones de éstos.

   Opinan los expertos que está edificada con ladrillo de barro y un
 mortero tradicional de cal y arena, lo que unido a la ingeniosidad de sus fabricantes la hizo acreedora de una envidiable resistencia.

   Este Monumento Nacional, parte del antiguo ingenio azucarero San Alejo  de Manaca, constituye el mejor exponente de las torres vigías construidas  en nuestras tierras, según especialistas en el tema.

   Hace más de una década fue objeto de una restauración que le devolvió la  fortaleza a los pisos de madera, así como mejoró el estado de la escalera  y las barandas, lo cual la perpetúa como un eterno mirador del Valle de  los Ingenios.

   Ni vientos fuertes ni los conocidos huracanes que afectan a nuestra isla  caribeña durante la temporada ciclónica han podido destruir esta joya que  se alza orgullosa y señorial como símbolo de  Trinidad, ubicada a unos 360  kilómetros al este de la capital.

   Sin dudas es muestra del poderío económico que llegaron a alcanzar  algunos habitantes de una de las siete primeras villas fundadas por el  Adelantado Diego Velázquez en Cuba.

   Hija de un capricho, una disputa familiar o del amor, lo cierto es que  la torre Manaca-Iznaga, a siglos de construida, hace voltear la cabeza al  curioso visitante que se deja llevar a través de las leyendas por un viaje  imaginario hacia un pasado desconocido.

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